viernes, 30 de marzo de 2012

«SEMIOLOGÍA». Aclaraciones complementarias

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El presente texto intenta repasar algunas nociones esenciales del texto SEMIOLOGÍA (§ 1 al 5) que el Prof. Guillermo Obiols publicó en su NUEVO CURSO DE FILOSOFÍA Y LÓGICA. Éstas aclaraciones son COMPLEMENTARIAS y NO reemplazan ni lo dado en clase ni el texto de Obiols. http://bonafina.blogspot.com.ar/2009/04/semiologia.html
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domingo, 18 de marzo de 2012

jueves, 8 de marzo de 2012

ORIGEN DE LA LÓGICA Y LA FILOSOFÍA

Prof. Pablo H. Bonafina

El nacimiento informal de la Filosofía se produjo cuando la naturaleza humana inteligente se preguntó (movida por el asombro y el encantamiento propio de quien quiere saber y puede buscar, y luego esbozar, una respuesta) por algún qué o cuál, por qué o para qué. Pero su nacimiento formal surgió, en cambio, con los primeros grandes maestros de las primeras respuestas. En efecto, fue con (estas mismas) respuestas que la Filosofía se fue constituyendo en ciencia (y engendradora de nuevas preguntas) hasta convertirse en una de las más antiguas e importantes invenciones del hombre, colaboradora indispensable de su progreso y de la formación de su civilización.


Casi simultáneamente con este gran “descubrimiento”, desde el principio, se ha desarrollado otra disciplina que se conoció con el nombre de Analítica, y que más tarde, al convertirse en ciencia formal, recibió el nombre de Lógica. Fue ésta, en el comienzo, una disciplina propedéutica de aquélla y a aquélla subordinada. En efecto, al principio, la Lógica fue una suerte de introducción pedagógica a la Filosofía. Y es que la Filosofía, que es una ciencia donde se exponen pensamientos y reflexiones sobre distintas cuestiones, necesitó muy pronto de una disciplina que colaborara con ella en la expresión de sus conclusiones y argumentaciones. Y del análisis de los contenidos (pensamientos) filosóficos, llegó la Lógica a acometer un análisis de las mismas estructuras internas del pensamiento en sí. Pues, la Filosofía no sólo es una ciencia que “dice cosas” sino que “intenta decir coherentemente acerca de las cosas”, con ese rigor particular que la caracteriza, pues, ella misma, es una ciencia analítica y deductiva, cuya formalización se dio de la mano de la Lógica.

Aunque muchos autores modernos hayan criticado a la Filosofía en nombre de la Lógica, o viceversa, la historia nos muestra que han ido creciendo juntas. Es cosa sabida que, los lógicos más representativos, hasta la modernidad, han sido filósofos –aunque es verdad que muchos filósofos son muy poco lógicos, y deberían serlo más. Quizás con esto se entienda el proyecto de algunos modernos de apartar a la Lógica de la Filosofía edificando algo así como una Lógica Matemática, más matemática que Lógica. Quien reconoce un valor a la Lógica moderna, automáticamente, separa a la Lógica en sí de la Filosofía y de la Lógica Filosófica, a la que se llama, frente a la nueva, Clásica, por no decir vieja inútil.

La Filosofía no hubiese podido llegar a ser nunca una ciencia, en sentido estricto, si no hubiera contado con el auxilio de la Lógica. Lo que hace diferenciar a un pensamiento filosófico de una opinión, u otro tipo de pensamiento, es el carácter lógico del mismo. La Filosofía es la ciencia que busca las razones y las causas esenciales de todas las cosas, y no hubiese podido llegar nunca a realizar su función si no hubiese tenido a una educadora en sus modales (reflexivos) tan particular y eficiente como ha sido la Analítica.

Por otra parte, muchos se olvidan hoy que la Filosofía fue una de las primeras ciencias empíricas, experimentales. La Lógica, una vez sistematizada, por su parte, ha reflexionado acerca de sí misma, y de las formas concretas en que ella ha ido expresando la realidad a lo largo de la historia, y le ha impuesto sus límites ante consumados o eventuales excesos. Una conclusión fundamental que alcanzó fue que las expresiones de las cosas no se identifican exactamente con las cosas mismas, de ahí que sea necesario, tomar conciencia del límite del lenguaje y de los errores en los que se puede incurrir. Hay dos tipos de errores: de comprensión y de expresión. A los que algún error o ambos cometen, la Lógica les convida sus herramientas para que adecuen mejor sus sentidos, percepciones, entendimiento y palabras a la realidad que investigan y puedan expresarla de modo cada vez más auténtico.

Y la Filosofía, después de un largo observar, incluso de reiteradas equivocaciones suyas, le dice a la Lógica que las explicaciones de las cosas son más bien provisorias que definitivas, y el lenguaje es un elemento esencial de la cultura, y que la cultura es una realidad dinámica que, si bien mantiene con vida en su seno tradiciones y valores, los expresa de muy diversos modos. Y que los modos (lógicos) mismos pueden, y deben, modificarse, aggiornándose, si se modifica su misma materia.

Las palabras, muchas veces, resultan insuficientes, y la Filosofía no se puede permitir llevar una existencia dogmática, y mucho menos la Lógica, que debe evolucionar al compás de la cultura vigente a fin de no aplicar a las nuevas situaciones surgentes esquemas mentales (neurolingüísticos, si se me permite la expresión) que ya no tienen sustento en la praxis cotidiana. Muchas estructuras de pensamiento ya dejaron de existir, y no tiene sentido seguir forjando en las mentes esquemas obsoletos. Por eso, es preciso mantener vivo lo que sobrevivió al crisol de los tiempos, y tomar de ello lo necesario para la formación del propio recipiente del pensamiento, que es la mente, transmitiéndolo a lo que nos siguen en la maravillosa, y siempre novedosa, tarea de reprensar todas las cosas.

La Lógica y la Filosofía se presentan inseparables, y no sería exageración afirmar que una existe por la otra y para la otra. Es un extraordinario círculo de cooperación científico. La Lógica no le permite a la Filosofía que deje de ser una ciencia y se vulgarice. Y la Filosofía le convida a la Lógica la “materia” para que investigue con sus esquemas analíticos. Por eso, una Lógica sin Filosofía, queda como una auxiliar de la Matemática, pero sin fundamento discursivo, incapaz de formular teoremas y principios. Y una Filosofía sin Lógica queda como una fuente (o conjunto) de palabras sin autoridad científica, cuando no sin sentido.-

Prof. Pablo H. Bonafina
Buenos Aires, marzo de 2012.-

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miércoles, 22 de febrero de 2012

EL ORIGEN DE LA FILOSOFÍA según Aristóteles

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del Libro «METAFÍSICA» (Libro I, 1-2)


- I -
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Todos los hombres tienen naturalmente el deseo de saber. El placer que nos causan las percepciones de nuestros sentidos son una prueba de esta verdad. Nos agradan por sí mismas, independientemente de su utilidad, sobre todo las de la vista. En efecto, no sólo cuando tenemos intención de obrar, sino hasta cuando ningún objeto práctico nos proponemos, preferimos, por decirlo así, el conocimiento visible a todos los demás conocimientos que nos dan los demás sentidos. Y la razón es que la vista, mejor que los otros sentidos, nos da a conocer los objetos, y nos descubre entre ellos gran número de diferencias.
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Los animales reciben de la naturaleza la facultad de conocer por los sentidos. Pero este conocimiento en unos no produce la memoria; al paso que en otros la produce. Y así los primeros son simplemente inteligentes; y los otros son más capaces de aprender que los que no tienen la facultad de acordarse. La inteligencia, sin la capacidad de aprender, es patrimonio de los que no tienen la facultad de percibir los sonidos, por ejemplo, la abeja y los demás animales que puedan hallarse en el mismo caso. La capacidad de aprender se encuentra en todos aquellos que reúnen a la memoria el sentido del oído. Mientras que los demás animales viven reducidos a las impresiones sensibles o a los recuerdos, y apenas se elevan a la experiencia, el género humano tiene, para conducirse, el arte y el razonamiento.
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En los hombres la experiencia proviene de la memoria. En efecto, muchos recuerdos de una misma cosa constituyen una experiencia. Pero la experiencia al parecer se asimila casi a la ciencia y al arte. Por la experiencia, progresan la ciencia y el arte en el hombre. La experiencia, dice Polus, y con razón, ha creado el arte; la inexperiencia marcha a la aventura. El arte comienza, cuando de un gran número de nociones suministradas por la experiencia, se forma una sola concepción general que se aplica a todos los casos semejantes. Saber que tal remedio ha curado a Calias atacado de tal enfermedad, que ha producido el mismo efecto en Sócrates y en muchos otros tomados individualmente, constituye la experiencia; pero saber, que tal remedio ha curado toda clase de enfermos atacados de cierta enfermedad; los flemáticos, por ejemplo, los biliosos o los calenturientos, es arte. En la práctica la experiencia no parece diferir del arte, y se observa que hasta los mismos que sólo tienen experiencia consiguen mejor su objeto que los que poseen la teoría sin la experiencia. Esto consiste en que la experiencia es el conocimiento de las cosas particulares, y el arte, por lo contrario, el de lo general. Ahora bien, todos los actos, todos los hechos se dan en lo particular. Porque no es al hombre al que cura el médico, sino accidentalmente, y sí a Calias o Sócrates o a cualquier otro individuo que resulte pertenecer al género humano. Luego si alguno posee la teoría sin la experiencia, y conociendo lo general ignora lo particular en él contenido, errará muchas veces en el tratamiento de la enfermedad. En efecto, lo que se trata de curar es al individuo. Sin embargo, el conocimiento y la inteligencia, según la opinión común, son más bien patrimonio del arte que de la experiencia, y los hombres de arte pasan por ser más sabios que los hombres de experiencia, porque la sabiduría está en todos los hombres en razón de su saber. El motivo de esto es que los unos conocen la causa, y los otros la ignoran.
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En efecto, los hombres de experiencia saben bien que tal cosa existe, pero no saben porqué existe; los hombres de arte, por lo contrario, conocen el porqué y la causa. Y así afirmamos verdaderamente que los directores de obras, cualquiera que sea el trabajo de que se trate, tienen más derecho a nuestro respeto que los simples operarios; tienen más conocimiento y son más sabios, porque saben las causas de lo que se hace; mientras que los operarios se parecen a esos seres inanimados que obran, pero sin conciencia de su acción, como el fuego, por ejemplo, que quema sin saberlo. En los seres inanimados una naturaleza particular es la que produce cada una de estas acciones; en los operarios es el hábito. La superioridad de los jefes sobre los operarios no se debe a su habilidad práctica, sino al hecho de poseer la teoría y conocer las causas. Añádase a esto, que el carácter principal de la ciencia consiste en poder ser transmitida por la enseñanza. Y así, según la opinión común, el arte, más que la experiencia, es ciencia; porque los hombres de arte pueden enseñar, y los hombres de experiencia no. Por otra parte, ninguna de las acciones sensibles constituye a nuestros ojos el verdadero saber, bien que sean el fundamento del conocimiento de las cosas particulares; pero no nos dicen el porqué de nada; por ejemplo, nos hacen ver que el fuego es caliente, pero sólo que es caliente.
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No sin razón el primero que inventó un arte cualquiera, por encima de las nociones vulgares de los sentidos, fue admirado por los hombres, no sólo a causa de la utilidad de sus descubrimientos, sino a causa de su ciencia, y porque era superior a los demás. Las artes se multiplicaron, aplicándose las unas a las necesidades, las otras a los placeres de la vida; pero siempre los inventores de que se trata fueron mirados como superiores a los de todas las demás, porque su ciencia no tenía la utilidad por fin. Todas las artes de que hablamos estaban inventadas, cuando se descubrieron estas ciencias que no se aplican ni a los placeres ni a las necesidades de la vida. Nacieron primero en aquellos puntos donde los hombres gozaban de reposo. Las matemáticas fueron inventadas en Egipto, porque en este país se dejaba un gran solaz a la casta de los sacerdotes.

Hemos asentado en la Moral la diferencia que hay entre el arte, la ciencia y los demás conocimientos. Todo lo que sobre este punto nos proponemos decir ahora, es que la ciencia que se llama Filosofía es, según la idea que generalmente se tiene de ella, el estudio de las primeras causas y de los principios. Por consiguiente, como acabamos de decir, el hombre de experiencia parece ser más sabio que el que sólo tiene conocimientos sensibles, cualesquiera que ellos sean; el hombre de arte lo es más que el hombre de experiencia; el operario es sobrepujado por el director del trabajo, y la especulación es superior a la práctica. Es, por tanto, evidente que la Filosofía es una ciencia que se ocupa de ciertas causas y de ciertos principios.


- II -

La ciencia, que tiene por objeto la verdad, es difícil bajo un punto de vista y fácil bajo otro. Lo prueba la imposibilidad que hay de alcanzar la completa verdad, y la imposibilidad de que se oculte por entero. Cada filósofo explica algún secreto de la naturaleza. Lo que cada cual en particular añade al conocimiento de la verdad no es nada, sin duda, o es muy poca cosa, pero la reunión de todas las ideas presenta importantes resultados. De suerte, que en este caso sucede a nuestro parecer como cuando decimos con el proverbio; ¿quién no clava la flecha en una puerta? Considerada de esta manera, esta ciencia es cosa fácil. Pero la imposibilidad de una posesión completa de la verdad en su conjunto y en sus partes, prueba todo lo difícil que es la indagación de que se trata. Esta dificultad es doble. Sin embargo, quizá la causa de ser así no está en las cosas, sino en nosotros mismos. En efecto, lo mismo que a los ojos de los murciélagos ofusca la luz del día, lo mismo a la inteligencia de nuestra alma ofuscan las cosas que tienen en sí mismas la más brillante evidencia.

Es justo, por tanto, mostrarse reconocidos, no sólo respecto de aquellos cuyas opiniones compartimos, sino también de los que han tratado las cuestiones de una manera un poco superficial, porque también éstos han contribuido por su parte. Estos han preparado con sus trabajos el estado actual de la ciencia. Si Timoteo no hubiera existido, no habríamos disfrutado de estas preciosas melodías, pero si no hubiera habido un Frinis no habría existido Timoteo. Lo mismo sucede con los que han expuesto sus ideas sobre la verdad. Nosotros hemos adoptado algunas de las opiniones de muchos filósofos, pero los anteriores filósofos han sido causa de la existencia de éstos.

En fin, con mucha razón se llama a la filosofía la ciencia teórica de la verdad. En efecto, el fin de la especulación es la verdad, el de la práctica es la mano de obra; y los prácticos, cuando consideran el porqué de las cosas, no examinan la causa en sí misma, sino con relación a un fin particular y para un interés presente. Ahora bien, nosotros no conocemos lo verdadero, si no sabemos la causa. Además, una cosa es verdadera por excelencia, cuando las demás cosas toman de ella lo que tienen de verdad, y de esta manera el fuego es caliente por excelencia, porque es la causa del calor de los demás seres. En igual forma, la cosa, que es la causa de la verdad en los seres que se derivan de esta cosa, es igualmente la verdad por excelencia. Por esta razón los principios de los seres eternos son sólo necesariamente la eterna verdad. Porque no son sólo en tal o cual circunstancia estos principios verdaderos, ni hay nada que sea la causa de su verdad; sino que, por lo contrario, son ellos mismos causa de la verdad de las demás cosas. De manera que tal es la dignidad de cada cosa en el orden del ser, tal es su dignidad en el orden de la verdad.

Traducción del griego de Patricio de Azcárate.
http://filosofia.org/cla/ari/azcarate.htm
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martes, 11 de octubre de 2011

EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO EN LA MODERNIDAD


§ 1. La Modernidad es una época compleja en la Historia de la Humanidad y del pensamiento en particular. Desde el siglo XII, con el surgimiento de la (alta) Escolástica y la relectura de la obra del filósofo Aristóteles, especialmente de su Lógica y Metafísica, se fueron creando grandes sistemas de pensamiento que intentaron reemplazar a los (religiosos) que venían dominando durante la Edad Media, marcadamente cristiana y neoplatónica (salvo algunas excepciones, tal como se nos presenta a Boecio). Y he aquí donde debemos ubicar el germen del “pensamiento moderno” (en el antiguo y medioeval llevado hasta la plenitud) al mismo tiempo que la necesidad de un renacimiento filosófico más profundo e integral.

§ 2.1. El siglo XV trajo consigo la “revolución universal”, proveniente de muchos y diversos epicentros, y la puesta en crisis no solo el pensamiento medioeval y escolástico, sino de todos los antiguos paradigmas (y a la Tradición en general). Los avances de la ciencia fueron responsables destacados en la crítica y revisión de los antiguos paradigmas de pensamientos. En éste tiempo, el hombre volvió sobre sí, dejando de lado la fe y las cosmovisiones religiosas, así como las tradicionales explicaciones cosmológicas, y se propuso reflexionar de un modo nuevo.

§ 2.2. El Renacimiento y el Humanismo han sido dos fenómenos inmediatos del cambio de mentalidad que estaba padeciendo el “hombre nuevo”, moderno, y todo aquello que el hombre había adquirido con su esfuerzo intelectual y racional a lo largo de la historia comenzó a ponerse en tela de juicio y someterse a una severa crítica. Entonces, un escepticismo generalizado comenzó a impregnar todos los ámbitos de la vida del hombre –hasta la tierra, otrora firme, se volvió objeto de duda, pues la visión geocéntrica fue reemplazada por la heliocéntrica, y la teocéntrica fue superada por una antropocéntrica.

§ 3. Todas las cosas, en estos tiempos modernos, se podrían explicar desde el hombre y su entendimiento y experiencia. El tema filosófico principal será ahora: el conocimiento (mismo) del hombre. En efecto, tantas concepciones se creyeron dogmáticamente durante siglos... tanto se impuso la “objetividad” y verdad de las cosas, más allá de la diversidad de matices, que, al parecer desmoronarse todo, hasta la misma posibilidad de conocimiento del hombre se volvió el centro de las críticas más mordaces. Por eso, “el problema del conocimiento” del hombre (su origen, alcance y esencia) será el tema central de la Filosofía moderna.

§ 4. Como siempre, nos encontramos con distintos filósofos y distintas posturas, y también con filósofos antecedentes, entre los que se destacan el italiano Tomás de Aquino y el inglés Guillermo de Ockham, ambos pertenecientes, a su modo, a la Escolástica y con doctrinas opuestas. Tomás de Aquino fue quien reinterpretó toda la filosofía de Aristóteles, poniendo en el centro del escenario filosófico la doctrina del ser y la posibilidad de su conocimiento, a través del proceso de abstracción (cuyo puerto era la adquisición de la “esencia” universal de las cosas), y de su expresión, a través de la Lógica y el lenguaje. Por su parte, Ockham, negó la posibilidad de todo conocimiento universal y se limitó a considerar solamente lo singular concreto, recortando todo aquello que escapara a la razón, al tiempo que destacando la pobreza de las palabras para expresar adecuadamente las esencias de las cosas.

§ 5. Evidentemente que el hombre, por su inteligencia y sus sentidos, conoce, pero qué es lo que conoce cuando hace experiencia (personal) de las cosas (exteriores a su sensibilidad). Y he aquí ya la presentación primera de los dos elementos fundamentales en todo acto de conocimiento: el objeto y el sujeto. Y también he aquí los elementos más discutidos. En efecto, en el resultado del proceso del conocimiento, ¿dónde termina el sujeto y comienza el objeto? O, dicho de otro modo, ¿qué es lo que existe, de modo verdaderamente objetivo?

§ 6. Para algunos filósofos el resultado del proceso del conocimiento dependía de algunos conceptos (ideas) con las que el hombre había nacido (siendo, de éste modo, innatos). Pues el hombre no venía con el “entendimiento vacío” (tal como afirmaban los empiristas, Locke y Hume), sino que estaba ya, desde el nacimiento, “esculpido por ciertas ideas” (y estos eran los racionalistas innatistas, entre los que se destacan Descartes y Leibniz). Y ésta primera distinción es la que refiere al origen o fundamento del conocimiento (considerado como realidad final y cierta). En efecto, casi todos los filósofos coinciden en que el conocimiento comienza por la sugerencia de los sentidos, pero para los racionalistas, con las “noticias sensoriales” (o datos de las percepciones) se pone en marcha a un conjunto de ideas (que ya están en el entendimiento, y que no proceden de ninguna experiencia) que finalmente terminan edificando el conocimiento. Para los empiristas, en cambio, no hay nada en el entendimiento que no haya éste extraído de la experiencia, o que haya edificado inventado a partir de ella. El conocimiento es una realidad construida por la mente, pero su materia es íntegramente empírica. El entendimiento crea, construye, ordena, inventa, para ambos tipos de filósofos, pero la argamasa es la que cambia. Mientras para los empiristas entendimiento y experiencia-de-los-sentidos-externos es la materia del conocimiento, para los racionalistas se edifica el conocimiento en un diálogo recíproco entre ideas, datos sensoriales y la actividad de la mente o entendimiento.

§ 7. Habrán, desde ya, autores que contradirán los pensamientos de los anteriormente expuestos, afirmando, la imposibilidad misma de cualquier clase de conocimiento (Nietzsche y algunos escépticos), por encontrarse objeto y sujeto en dos esferas completamente diferentes e inconciliables, al tiempo que incognoscibles de modo definitivo; aquellos que tratarán de conciliar el racionalismo con el empirismo, afirmando que existen cosas objetivas pero subjetivamente conocidas (Kant), y que la razón tiene ideas (con las que puede sintetizar los datos de la experiencia), aunque todo sus conocimientos procedan de la sensibilidad; y aquellos que, directamente, niegan toda realidad extramental, todo objeto-y-objetividad, afirmando que la existencia es tal en tanto y en cuanto “es percibida” por un espíritu (Berkeley).

§ 8. Con los autores del “idealismo alemán” la filosofía moderna tradicional da otro vuelco importante. Trascendiendo el kantismo, la Filosofía abandona el antiguo objeto fundamental de su reflexión, que es la cosa exterior (cosa en sí) u objeto de la conciencia, y se atreve a dar un giro radical. Los filósofos idealistas (J. G. Fichte, F. W. Schelling y G. W. F. Hegel) ya no consideran a la cosa en sí (o realidad objetiva) el objeto del conocimiento, sino que centran toda su atención en el sujeto conciente (o cognoscente) o yo (singular, finito, tal como se concibe al entendimiento humano) contingente.

§ 9.1. El punto de partida de toda la filosofía idealista es la disolución de la distinción (Schelling) fundamental que hizo la gnoseología clásica entre el sujeto (o yo cognoscente) y objeto (o lo conocido). En efecto, el idealismo pasa (inmediatamente) de la admisión del yo (sujeto) y no-yo (objeto) a la identificación de uno y de otro en la conciencia, y ésta disolución (de los polos gnoseológicos) es posible gracias al ansia de superación que trajo consigo la mismísima noción de progreso universal.

§ 9.2. La identificación de yo y no-yo (Fichte) tiene, para estos pensadores, una suerte de doble fundamento. Uno, inmanente (y que está más acá del sujeto), tal como es la actividad de su propio entendimiento, y otro trascendente, que es la existencia de un Yo superior, en el que se unifica, en última instancia, toda oposición (incluida la que existe entre sujeto y objeto). A este Yo Absoluto se lo considera de carácter divino o como al dios mismo, según el caso. Y es que el idealismo alemán es descendiente del pensamiento del filósofo Baruch Spinoza, quien consideraba a todas las sustancias (participaciones) de (la) naturaleza divina (aunque en distintos grados), susceptible de descubrimiento y conocimiento racional (es decir, filosófico), pues se halla la naturaleza (divina) en continua manifestación a la razón o conciencia.

§ 10. Ahora bien, es importante el modo como los idealistas explican esta manifestación en la Historia de esta sustancia divina, Dios, Pensamiento, Espíritu o Yo Autoconciente absoluto e infinito. La manifestación –dicen– es dialéctica, es decir, progresiva y se da a través de opuestos. De esta manera, la historia es considerada como un proceso (el escenario) en y por medio del cuál se despliega (y manifiesta) el Yo-Absoluto (que deviene, y en el Devenir que hace con su devenir).

§ 11. El proceso de progreso indefinido es racional, esto es, inteligente, no al azar; no permanece oculto al hombre sino que puede conocerse por medio de la razón (que es cierta participación directa de la Razón Absoluta). La filosofía, en particular, será la encargada, de descubrir y mostrar este despliegue del Espíritu, y ayudar a los hombres a tomar conciencia del mismo, a fin de hacerse cierto uno en el todo, asumiéndose como parte y mero momento del proceso.

§ 12. Precisemos un poco más. Para los idealistas, detrás de la realidad cotidiana que aparece a la conciencia nuestra, se da la gestación, el entretejido imperceptible, de este proceso (de ser y mostrarse el Espíritu Absoluto). El proceso dialéctico, y consta de tres momentos o instancias: el primero es de afirmación (tesis), el otro, el segundo, es de negación (anti-tésis) de aquella tesis, y el tercero es de superación de aquellos opuestos (síntesis). Este progreso (noción que toma el “idealismo” del Romanticismo alemán y que lleva hasta el extremo) se realiza mientras se van dando estas instancias, y de modo inexorable (necesario) e ininterrumpido. Así, la historia, y todo lo que (contingentemente) existe (y se da en ella), es un gran Fenómeno, una manifestación o fenomenología del Espíritu Absoluto divino (Hegel). -


Prof. Pablo H. Bonafina.-

BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA - Gnoseología


El problema del conocimiento en la Modernidad (del Renacimiento al Idealismo)

http://www.filosofianueva.com.ar/ap_modernidad_bonafina.htm

Realismo (ver párrafo primero, “en Filosofía moderna”)

http://es.wikipedia.org/wiki/Realismo_filos%C3%B3fico

Descartes

http://www.filosofianueva.com.ar/tx_descartes.htm

http://bonafina.blogspot.com/2009/02/rene-descartes-el-comienzo-del.html

http://www.filosofianueva.com.ar/tx_meditacionesmetafisicas.htm (ver negrita)

Empirismo, Racionalismo, Berkeley y Hume

http://bonafina.blogspot.com/2010/09/introduccion-al-empirismo.html

John Locke

http://www.filosofianueva.com.ar/tx_delasideasysuorigen.htm

Francis Bacon

http://www.portalplanetasedna.com.ar/francis_bacon.htm

George Berkeley

http://www.filosofianueva.com.ar/tx_berkeley.htm

Hume y el Dogmatismo

http://www.webdianoia.com/moderna/hume/hume_conoc.htm (el origen del conocimiento)

http://www.webdianoia.com/moderna/hume/hume_causa.htm (crítica a la Causalidad)

Dogmatismo

http://es.wikipedia.org/wiki/Dogmatismo_(filosof%C3%ADa)

http://filosofia.idoneos.com/index.php/Problemas_filosoficos/Dogmatismo

Emmanuel Kant

http://www.filosofianueva.com.ar/ap_hopkins.htm

http://www.filosofianueva.com.ar/ap_introduccionakant.htm

Fenomenología

http://www.filosofianueva.com.ar/ap_fenomenologiayesencias.htm

Algunas definiciones (para recapitular)

http://www.filosofianueva.com.ar/ens_FilosofiaDeManuales.htm

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OPTIMISMO DE LA ANTROPOLOGÍA EXISTENCIALISTA *

Por Jean-Paul Sartre

Un hombre que se compromete en la vida dibuja su figura, y fuera de esta figura no hay nada. Evidentemente, este pensamiento puede parecer duro para aquel que no ha triunfado en la vida. Pero, por otra parte, dispone a las gentes para comprender que sólo cuenta la realidad, que los sueños, las esperas, las esperanzas, permiten solamente definir a un hombre como sueño desilusionado, como esperanzas abortadas, como esperas inútiles; es decir que esto lo define negativamente y no positivamente; sin embargo, cuando se dice: tú no eres otra cosa que tu vida, este no implica que el artista será juzgado solamente por sus obras de arte; miles de otras cosas contribuyen igualmente a definirlo. Lo que queremos decir es que el hombre no es más que una serie de empresas, que es la suma, la organización, el conjunto de las relaciones que constituyen estas empresas.

En estas condiciones, lo que se nos reprocha aquí no es en el fondo nuestro pesimismo, sino una dureza optimista. Si la gente nos reprocha las obras novelescas en que describimos seres flojos, débiles, cobardes y alguna vez francamente malos, no es únicamente porque estos seres son flojos, débiles, cobardes o malos; porque si, como [Émile] Zola [el creador del naturalismo moderno francés], declaráramos que son así por herencia, por la acción del medio de la sociedad, por un determinismo orgánico o psicológico, la gente se sentiría segura y diría: bueno, somos así, y nadie puede hacer nada; pero el existencialista cuando describe un cobarde, dice que el cobarde es responsable de su cobardía. No lo es porque tenga un corazón, un pulmón o un cerebro cobarde; no lo es debido a una organización fisiológica, sino que lo es porque se ha construido como hombre cobarde por sus actos. No hay temperamento cobarde; hay temperamentos nerviosos, hay sangre floja, como dicen, o temperamentos ricos; pero el hombre que tiene una sangre floja no por eso es cobarde, porque lo que hace la cobardía es el acto de renunciar o de ceder; un temperamento no es un acto; el cobarde está definido a partir del acto que realiza. Lo que la gente siente oscuramente y le causa horror es que el cobarde que nosotros presentamos es culpable de ser cobarde. Lo que la gente quiere es que se nazca cobarde o héroe. Uno de los reproches que se hace a menudo a Chemins de la Liberté [Caminos de la Libertad], se formula así: pero, en fin, de esa gente que es tan floja, ¿cómo hará usted héroes? Esta objeción hace más bien reír, porque supone que uno nace héroe. Y en el fondo es esto lo que la gente quiere pensar: si se nace cobarde, se está perfectamente tranquilo, no hay nada que hacer, se será cobarde toda la vida, hágase lo que se haga; si se nace héroe, también se estará perfectamente tranquilo, se será héroe toda la vida, se beberá como héroe, se comerá como héroe. Lo que dice el existencialismo es que el cobarde se hace cobarde, el héroe se hace héroe; hay siempre para el cobarde una posibilidad de no ser más cobarde y para el héroe de dejar de ser héroe. Lo que tiene importancia es el compromiso total, y no es un caso particular, una acción particular lo que compromete totalmente. Así, creo yo, hemos respondido a cierto número de reproches concernientes al existencialismo. Ustedes ven que no puede ser considerada como una filosofía del quietismo, puesto que define al hombre por la acción; ni como una descripción pesimista del hombre: no hay doctrina más optimista, puesto que el destino del hombre está en él mismo; ni como una tentativa para descorazonar al hombre alejándole de la acción, puesto que le dice que sólo hay esperanza en su acción, y que la única cosa que permite vivir al hombre es el acto. En consecuencia, en este plano, tenemos que vérnoslas con una moral de acción y compromiso.


EL EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO.
Losada, Bs. As., 1998. Págs. 30-31.

* El título, las expresiones entre corchetes y las negrita no están en el original [P.B.]

lunes, 27 de septiembre de 2010

INTRODUCCIÓN AL «EMPIRISMO»

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El filósofo y doctor JOHN LOCKE (1632-1704) es el primer gran exponente de la “corriente filosófica” llamada “EMPIRISMO”, palabra que procede del griego “empeiría” que significa “experiencia”. Rechaza la postura del racionalista RENÉ DESCARTES (1596-1650), quien había dicho que el conocimiento se lleva a cabo a través de ciertas “ideas innatas”, “con las que nacemos” y que puso Dios en nuestra alma o mente, y a través de la “razón”, y pone en el centro del conocimiento la “experiencia de los sentidos externos” y no “lo que piensa la razón”. Para Locke los “objetos existentes fuera de la mente”, al ser percibidos, dejan en nosotros ciertas “impresiones”, de donde proceden las “ideas”, de modo que las ideas son una “abstracción del entendimiento” y no “algo existente” en nosotros antes de que “percibamos” las cosas; es decir, puestas en nosotros desde que venimos al mundo. Para Locke, en efecto, como para Aristóteles, nuestra mente viene al mundo como una “tabula rasa” (la expresión en latín quiere decir, como una “tablilla sin esculpir, sin tallar” –se refiere a las antiguas tablillas de piedra en donde se escribía), y los objetos que ingresan en “nosotros” a través de los sentidos “esculpen”, “tallan” sus impresiones.

Para GEORG BERKELEY (1685-1753), no es “las impresiones de los sentidos externos” lo que construye el verdadero conocimiento de las cosas sino que, a diferencia de Locke, la “experiencia subjetiva” hace a la “percepción” del objeto. El “ser”, “lo que existe” es “ser percibido”. La “experiencia” (emperiría) toma el papel principal y protagónico. Así, una cosa, “si es percibida” se puede decir que “tiene ser”, o sea, que existe”. Ya no es necesario “tomar contacto (físico) con las cosas”; porque las cosas, en efecto, pueden ser engañosas, no así las “percepciones”, por eso el “ser es percibido ser” (en latín: “esse est percipi”).

El escocés DAVID HUME (1711-1776), influenciado por Locke y Berkeley toma, del primero que (1) “conocemos a través de la experiencia que nos proporcionan los sentidos externos las cualidades de un objeto”, para el segundo, (2) “conocemos a través de la experiencia no sensible sino que está en nuestro entendimiento”; y así llega a la noción de “hábito” de “unir” “nociones” que están en el entendimiento pero cuyos fundamentos (“cosas”) están separadas en la realidad –lo que se ve con claridad en el ejemplo de la “causalidad” que es la “creencia” en que un “hecho” o “cosa” se sigue siempre de modo “necesario” de una “causa”; así todos cuando creen en la “causalidad” afirman la existencia de una “causa”, y toman a los “objetos” como “efectos”, con el fin de llegar a justificar a Dios mismo, la “Causa de las Causas”, quien tiene como “efecto” el Universo. Ésta es su teoría: la “imaginación” “une”, lo que, en la realidad, está desunido, por el “hábito” y “cree” (belief) que así son las cosas. En el fondo, Hume, quiere aniquilar toda posibilidad de “hacer metafísica”, es decir, de “filosofar” más allá de lo que se puede “percibir por la experiencia” y argumenta que el “discurso metafísico” es posible gracias a la noción de “causa y efecto”.-

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jueves, 19 de agosto de 2010

“DE LA SIMBOLIZACIÓN A LAS TABLAS DE VERDAD”

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Para leer al final de las páginas 51 a 58 (§ 1 al 5) del capítulo “LÓGICA PROPOSICIONAL” del NUEVO CURSO DE FILOSOFÍA Y LÓGICA del Prof. G. Obiols –Kapelusz, Bs.As., 1999.


Habíamos mencionado en la última clase el “proyecto” de la “Lógica Moderna” de “simbolizar” todas las expresiones del lenguaje común y pasarlo, traducirlo en “símbolos” a fin de evitar errores en las expresiones (confusiones, ambigüedades, vaguedades y otros “problemas” habituales). Habíamos hecho una primera y gran distinción entre la simbolización de las “expresiones proposicionales” (de las proposiciones, juicios u oraciones) y de los “nexos” que, eventualmente, “unen” a las diversas “proposiciones atómicas”, convirtiéndolas en “moleculares” o compuestas. Según lo visto, sabemos ya que son LOS NEXOS los que DETERMINAN EL TIPO Y NOMBRE DE LAS PROPOSICIONES COMPUESTAS. Así, nos encontramos con dos tipos de símbolos: VARIABLES y CONSTANTES. Las “variables” son aquellas “estructuras lógicas” cuya materia (contenido) puede variar –son las proposiciones–, y se simbolizan, según su orden de aparición en un discurso siguiendo el orden “abecedario” y con letras minúsculas (p, q, r, s, etcétera). Las “constantes” son los símbolos que “dicen siempre lo mismo y de modo inequívoco”: los nexos. Siempre un “nexo” conjuntivo, disyuntivo incluyente, disyuntivo excluyente, condicional o bicondicional, entre otros, se expresarán de la misma forma. Y a éstas formas se deben reducir las expresiones habituales del lenguaje común, a fin de hacerlo más “claro y preciso”. Las palabras del lenguaje “oral y vulgar”, para los lógicos modernos y analistas del lenguaje, son confusas (como ya pudimos ver al estudiar las “falacias”). Por eso, ahora, la Lógica tratará de llegar al conocimiento, a la verdad por un camino más exacto. EN ADELANTE, LA “LÓGICA MODERNA” DECIDIRÁ SI UNA EXPRESIÓN ES VERDADERA O FALSA SIGUIENDO UN MÉTODO DE “TIPO MATEMÁTICO”, llamado: Tablas de la Verdad. Este “método” mecánico, “ecuacional”, de estilo matemático, quiere mostrar y demostrar en qué casos una proposición (u expresión) es o puede ser verdadera o falsa. Para llevar a cabo esta tarea 1º simboliza la expresiones del lenguaje común (uniendo las proposiciones simbolizadas con “letras” entre los nexos de unión, que le dan el nombre a la proposición compuesta) y 2º las dispone en “tablas” (según sus posibilidades de ser, la primera verdadera, la segunda falsa y viceversa, hasta agotar todas las posibilidades; y determinar en qué casos puede ser verdadera y en qué caso falsa), a fin de que resulten evidentes los resultados. Para esto, se han elaborado algunas reglas básicas, que se deducen de todas las posibilidades de encuentro de los valores de las diversas proposiciones. De este modo, por ejemplo, diremos que una conjunción es verdadera será verdadera si sus dos proposiciones unidas por su nexo simbólico (“.”) son verdaderas, de lo contrario, será falsa –y así se podrá dilucidar el valor final de la estructura proposicional. El objetivo final es determinar si una proposición o estructura lógica es verdadera siempre, en todos los casos posibles de unión (en cuyo caso será una TAUTOLOGÍA), o falsa en todos los casos (en cuyo caso será una CONTRADICCIÓN) o verdadera y/o falsa, según sea “el modo, orden, de encuentro” entre las diversas proposiciones y según el caso (en cuyo caso será una CONTINGENCIA LÓGICA; es decir, una expresión que puede ser verdadera o falsa, y depende esto del modo de ubicar las proposiciones en el orden de una “ecuación lógica” o “discurso lógico simbólico”). En efecto, EL MÉTODO DE LAS “TABLAS DE LA VERDAD” ES EL MODO DE COMPROBAR DE MODO INMEDIATO, Y CASI DIRÍAMOS, SIN RAZONAR DEMASIADO, LA VERDAD O FALSEDAD DE LA ESTRUCTURA PROPOSICIONAL, sin importar su contenido, pues “lo que se represente” con los símbolos (de las VARIABLES) no modifica en nada su “valor”, pues éste se decide, por los nexos y no importa cuál será el objeto del pensamiento, sino su “valor práctico y demostrable”.


Prof. Pablo H. Bonafina (alumnos@filosofianueva.com.ar).-

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martes, 15 de junio de 2010

Elementos bibliográficos para IPC (PhB)


DE LA LÓGICA A LA FILOSOFÍA, Y VICEVERSA

http://bonafina.blogspot.com/2007/07/lgica-introduccin.html


NOTA SOBRE “SEMIOLOGÍA”
http://bonafina.blogspot.com/2009/04/semiologia.html


LA INFERENCIA Y SUS TIPOS

http://bonafina.blogspot.com/2009/04/elementos-de-logica.html


SILOGISMO CATEGÓRICO

http://es.wikipedia.org/wiki/Silogismo_categ%C3%B3rico


NOTA SOBRE EL “SILOGISMO CATEGÓRICO”

http://bonafina.blogspot.com/2009/05/logica-clasica.html


LÓGICA PROPOSICIONAL

http://es.wikipedia.org/wiki/L%C3%B3gica_proposicional


EPISTEMOLOGÍA

http://es.wikipedia.org/wiki/Epistemolog%C3%ADa#cite_note-0


domingo, 7 de marzo de 2010

«LA DEMOCRACIA»

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En el mundo contemporáneo existen una pluralidad de imágenes y usos para el concepto de democracia. En la mayoría de los casos la palabra "democracia" es usada como sinónimo de libertad, de igualdad, de gobierno de mayoría, de justicia social, de fraternidad, etc. Sin embargo, para algunas personas es símbolo de ineficacia, anarquía y de politiquería.

Lo cierto es que la democracia constituye un régimen político que implica no sólo una forma de gobierno y estructura económica social, sino también valores, actitudes y conductas democráticas. Además, es el sistema político usado en la mayor cantidad de países en el mundo.

El fundamento de la democracia es el reconocimiento de la dignidad de la persona humana. Las personas son libres y conscientes de su libertad, tienen la facultad de decidir y elegir.

La democracia es la forma de organización social y política que mejor garantiza el respeto, el ejercicio y promoción de los derechos humanos. La democracia, al igual que los hombres y las mujeres, es perfectible.

Desde el punto de vista político, la democracia es una forma de gobierno en que la propia sociedad, orienta y dirige el poder del Estado. Abraham Lincoln en 1863 la definió como "el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo".

El gobierno democrático parte del supuesto de que todos los miembros de la nación están llamados a intervenir en su dirección. Da la posibilidad de participar en el destino de la sociedad, para el interés común general.

La democracia como hecho histórico tiene su origen en el siglo V antes de Cristo, para designar la forma de organización política que adopta la polis de Atenas. Este régimen fue instaurado después de un largo proceso de reformas y cruentas revoluciones.

Etimológicamente, la palabra "democracia" se compone de dos palabras griegas: "demos", que significa pueblo, población, gente, y "kratos", que significa poder, superioridad, autoridad.


Características de la democracia

Es constitucionalista, pues sienta sus bases en una Carta Fundamental donde se establece la organización y atribuciones de los poderes públicos como también se reconocen y garantizan los derechos humanos.

• Establece el bien común como fin del Estado.
• Es el Gobierno de la mayoría con respeto a los derechos de las minorías.
• Permite el pluralismo ideológico y político.
• Incentiva las libertades políticas que rodean al proceso electoral
• Permite elecciones libres periódicas de los gobernantes según las normas preestablecidas, con sufragio universal, secreto, personal, igual y debidamente informado de los ciudadanos.
• Se da una competencia pacífica del poder. Se descarta todo tipo de violencia tanto física como verbal, al igual que el terrorismo.
• Se distribuye el Poder del Estado en órganos diferentes, para evitar el abuso de uno de ellos a través del control de los otros.
• Se reconoce la autonomía de los cuerpos intermedios de la sociedad para que los ciudadanos satisfagan diversas necesidades.
• Permite la vigencia efectiva de un estado de derecho.


Atributos de la democracia

Los atributos se refieren a los valores, principios y reglas que todo régimen democrático ha de tener.

I) Valores democráticos

La dignidad de la persona: Reconocimiento y valoración integral de todos los individuos por el hecho de ser persona humana. Todos, sean de distinto sexo, edad, etnia, condición socioeconómica y cultural, tienen una misma dignidad inalienable.

La libertad: Es una característica de toda persona humana que la trae consigo al momento de nacer. Ella le permite optar o elegir, tomar decisiones, definir su vida personal y social. La libertad es inherente a nosotros mismos.

La igualdad: Es un valor que reconocemos a todas las personas humanas por igual. Todos nacemos iguales en derechos y dignidad.


II) Principios esenciales de la democracia

Respeto, promoción y garantía de los derechos humanos: El Estado está obligado al respeto de los derechos de las personas, a promoverlos y garantizarlos a través de normas jurídicas y mecanismos eficaces ante un Poder Judicial independiente. Los ciudadanos tienen, por su parte, la responsabilidad de valorar, respetar y promover los derechos de sus semejantes en el medio social que se desarrollan.

La autodeterminación del pueblo o la Soberanía popular: Constituye el reconocimiento efectivo de que el pueblo, es decir, el conjunto de ciudadanos-electores a través del sufragio universal, tiene la capacidad y el poder de elegir el tipo de gobierno que estime conveniente con total independencia y libertad. El pueblo es la fuente donde nace y se origina el poder del Estado, quien lo delega en autoridades o gobiernos. Ninguna persona o grupo tiene el derecho de imponer sin el consentimiento del pueblo una determinada forma de organización política.


III) Reglas democráticas

• Gobierno de la mayoría con respeto a los derechos de las minorías.
• Pluralismo político e ideológico.
• Búsqueda de solución pacífica a los problemas.
• Elección periódica y libre de los gobernantes.
• Existencia de un estado de derecho.
• Respeto por la autonomía de los cuerpos intermedios.


Atributos variables de la democracia

Los atributos variables se refieren a características cuya intensidad, frecuencia o grados pueden variar o no ser similares entre regímenes democráticos.

• Intensidad y frecuencia de la participación ciudadana.
• La mayor o menor fidelidad con que el sistema de elecciones de las autoridades refleje y represente la voluntad ciudadana.
• Mecanismos que garanticen los derechos humanos.
• La existencia de estructuras organizativas que favorezcan el acceso del mayor número posible de ciudadanos a los cargos de responsabilidad.
• La posibilidad de controlar las tareas de las autoridades electas y la posibilidad de hacerlas dimitir en el momento que no desempeñen correctamente sus cargos.
• Posibilidad real de participación política de la oposición.-


BIBLIOTECA DEL CONGRESO NACIONAL DE CHILE
http://www.bcn.cl/ecivica/democracia
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miércoles, 27 de enero de 2010

Acerca de la «ESENCIA Y EXISTENCIA»

A propósito del EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO

de J.-P. Sartre


En la metafísica clásica nos encontramos con [1] quienes afirman la “unidad de principios ontológicos” en el “ente real existente” y, junto con esto, la coexistencia simultánea, desde la generación hasta la corrupción del ente, de la esencia y la existencia; y, por otro lado, [2] con quienes consideran a esta misma esencia poseyendo solo una potencialidad absoluta, que se actualiza sólo en el ente real existente, manteniendo su actualidad sólo en la definición conceptual. Pero existe una tercera consideración metafísica, no clásica, seguida por algunos autores. [3] Éstos pretenden entificar a la esencia, declarándola “preexistiendo en acto” y precediendo a la mismísima existencia. Éstos últimos, afectados por la teoría de las “entidades ideales” (las ideas ejemplares de origen platónico), sostienen la existencia de entes sin materialidad, sin lo que se denomina “existencia real”. Detrás de quienes tal doctrina sostienen, subyace la creencia creacionista judeo-cristiana según la cuál preexisten en la mente del Dios creador las “ideas ejemplares” de lo que luego plasmará en la historia. En algunos filósofos y algunas metafísicas, esta fue la conclusión: la esencia es una suerte de ente sin existencia, pero que existe, auténtica y virtualmente, en la Mente Divina, y que luego, por su voluntad creadora, adquiere existencia real. Con esto, asistimos a una inversión de los principios metafísicos clásicos: la esencia precede a la existencia, y ésta está determinada por aquella, puesto que Dios ya le ha impuesto sus determinaciones.


El existencialismo moderno concibe, a partir de aquello en lo que devino la existencia, el proyecto de aniquilar a cualquier metafísica perteneciente a ésta tercera forma. Declara a la segunda forma originadora de la tercera, por admitir acto en lo que sólo es una entidad potencial. E intenta ir más allá de la tradicional consideración primera, en la que coexistían, desde siempre, existencia y esencia, en el único ser material existente o ente. Y así llegamos a la declaración existencialista de que “la existencia precede a la esencia”, y de que ésta no es nada. En efecto, el determinismo metafísico al que se había abordado requería un poner de nuevo en consideración no sólo el dinamismo del ser sino también, en lo que refería a la naturaleza humana misma, la libertad humana, a fin de hacer de nuevo al hombre protagonista de su propia existencia. En efecto, en un Universo preexistente en la Mente de Dios (o un Cielo inteligible) no hay lugar para la espontaneidad, ni para la libertad y la contingencia humana. Por eso, el existencialismo consideró que era necesario demoler de modo definitivo este determinismo, para lo cuál comenzó adhiriendo a la moderna declaración de la muerte de Dios: el creador de las esencias.


Para los existencialistas, de la afirmación de las esencias los metafísicos pasaron de modo ilegítimo a afirmar la existencia de una naturaleza fija y determinada del hombre, y de valores absolutos por los que ésta debía regirse, quedando así la naturaleza del hombre bajo el dominio del paradigma divino que todos los existentes concretos debían realizar, pues, según se creía, para ello habían sido hechos: para reproducir paradigmas o, dicho en lenguaje metafísico, para desplegar en la existencia la virtualidad de la esencia o naturaleza, otro concepto originariamente dinámico que la metafísica degeneró y cosificó, como hizo, por otra parte, con todas las realidades.-


viernes, 16 de octubre de 2009

LA RELACIÓN DEL HOMBRE CON EL MUNDO (Prof. Emerich Coreth)

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Hombre y mundo

“El individuo no es en su origen un puro yo aislado de todo lo demás, que se complete y experimente a sí mismo en la inmanencia de su propia conciencia. Sólo en el conjunto de un mundo humano común llega el individuo a encontrarse a sí mismo. Sólo en la comunidad de la experiencia humana se forma y desarrolla la propia comprensión. Aquí entra también sin duda el hecho de que cada uno se experimente en su individualidad y singularidad; más aun, en su definitiva e insoslayable soledad, aislado de todos los demás y abocado a sí mismo sabiéndose insustituible en su ser propio y personal, sabiendo el carácter inalienable de su decisión y responsabilidad personales. Pero también esto es una experiencia humana universal que se formula en una afirmación antropológica común. Tal experiencia presupone por sí misma la universalidad de un mundo humano, que nos llega a través de la historia, se nos da en la comunidad y se nos revela en el lenguaje común. Sólo en ese todo surgen la experiencia y comprensión personales del individuo. Y sólo sobre ese fundamento puede preguntarse ¿qué es el hombre?

La respuesta a esta pregunta tiene que arrancar metodológicamente de este fenómeno general; no de un puro yo o de la pura conciencia. Originariamente el hombre no es un puro sujeto sin mundo y sin historia [...] Jamás nos encontramos con una autoconciencia inmanente y cerrada, que empiece por estar en sí misma y que posteriormente se afinque en los demás. Más bien, nos descubrimos a nosotros mismos en lo otro, en una unidad dialéctica de autorrealización y realización mundana, de autocomprensión y comprensión del mundo. Esa totalidad es una posición en movimiento de relación y condicionamiento entre mí y lo que me rodea, entre el hombre y su mundo. […]

El fenómeno fundamental de la autoexperiencia humana es que nos hallamos de antemano en medio de una realidad, en medio de las cosas y de los hombres con que tratamos, que influyen en nosotros y con los que estamos en múltiples relaciones. Nuestra existencia está referida al mundo, tanto al mundo de las cosas y de los objetos como, ante todo y sobre todo, al mundo humano personal. Por lo tanto, nuestra existencia concreta está condicionada y determinada de múltiples formas. Tiene dadas unas posibilidades, pero también está sujeta a ciertas limitaciones.

Esto se aplica a nuestra misma vida corporal biológica, que pertenece a este mundo de cosas, está sometida a leyes físicas y químicas...

Sólo el hombre está abiertamente orientado hacia el entorno humano. De su comunidad surge el individuo y en ella crece de forma humana. Aprende el lenguaje de comunidad, adopta sus costumbres y participa de su espíritu y de su cultura. Todo esto marca de forma decisiva la existencia individual, que está por ende ligada a todo ello y condicionada por ese mundo, y tanto más cuanto mayor es el grado de cultura y civilización. La orientación y relación mutua resultan tanto más estrechas. La vida del individuo se entrelaza con el complejo montaje relacional del acontecer social y cultural del mundo humano histórico. A través de todo esto se configura también aquello que nosotros experimentamos como nuestra vida propia y personal, es decir, nuestra vida íntima, y que designamos como vida espiritual. Esa vida está esencialmente condicionada por nuestro mundo (que nos rodea) […]

Lo que soy, lo que experimento y entiendo como yo mismo, es el resultado de un constante intercambio entre yo y mi mundo. Esto quiere decir, en primer término, que obtenemos de nuestro mundo los contenidos de nuestro conocimiento. Estamos relacionados con el mundo, salimos en cierto modo de nosotros mismos al mundo –o estamos siempre inmersos en él– para incardinarlo en la interioridad de nuestra conciencia. Vivimos en un constante intercambio e interrelación entre el dentro y el fuera. Sólo en la relación con el otro y en la asunción del otro dentro de nosotros mismos; es decir, en la supresión de la alienidad del otro, incorporándolo al contenido de nuestro propio mundo cognoscitivo, logramos la realización y enriquecimiento de nuestro ser personal... Nos realizamos a nosotros mismos en lo otro y desde eso otro alcanzamos y configuramos nuestro propio mundo espiritual. […]

Pero no somos seres únicamente conocedores; nos es esencial asimismo el querer y el actuar con relación al mundo. Con nuestra acción intervenimos en la realidad exterior defendiéndola y conformándola. Nuestros propios pensamientos y planes, nuestros objetivos y decisiones los realizamos y los objetivamos por una acción libre en la obra que realizamos en el mundo. De este modo la interioridad del espíritu se manifiesta en la exterioridad del mundo mediante la obra objetiva, expresión concreta e imagen sensible del espíritu humano. El mundo de las cosas se hace un mundo humano que el hombre configura y monta con una actuación humana dándole un sentido nuevo. La naturaleza se eleva al rango de cultura. Uno de los rasgos esenciales del hombre es que no vive, ni puede vivir, en la inmediatez de una naturaleza dada, sino en la mediación de naturaleza a cultura... y ha de transformar su mundo hasta hacer de él un mundo de cultura. Sólo así podrá convertirse en el espacio vital humano.

Todo lo que pertenece al mundo cultural humano en el sentido más amplio opera a su vez informando al hombre... No solamente configuran las circunstancias externas de los hombres que pertenecen a un determinado marco cultural histórico, sino que influyen en sus formas de pensar, en su ideología y modos de representación, en sus convicciones y valoraciones; con otras palabras, influye en la totalidad de la imagen que hombre tiene de sí mismo en el mundo histórico concreto. […]


El mundo del hombre

No nos referimos aquí al mundo entendido en un sentido cosmológico, como el conjunto de seres […]

Podemos definir el ‘mundo’ como la totalidad de nuestro espacio vital y de nuestro horizonte intelectivo concreto. En este sentido, el mundo... preexiste a cualquier experiencia particular, como un horizonte general previo y condicionante. […]

El elemento determinante que configura nuestro mundo es lo que nosotros denominamos experiencia. El mundo humano es un mundo experimental... En la experiencia nos encontramos a nosotros mismos como seres entre otros seres, en medio de una realidad que nos abraza y supera. Mundo, en el sentido de experiencia humana del mismo, significa por sí la totalidad de una realidad mundana a la que nosotros pertenecemos y que se nos abre... Pero experiencia no significa sólo una percepción sensible, sino que es siempre una penetración espiritual con el pensamiento y la inteligencia […] Pero el mundo de la experiencia es algo más que la suma de impresiones sensibles. Sólo la vivencia conciente, con la comprensión del sentido y del valor, sólo con unos enfoques reflexivos sobre la realidad dada surge la experiencia humana en su totalidad. […]

A nuestra experiencia el mundo se abre como una realidad espacial y temporal... Todo tiene su ‘aquí y ahora’ en el todo que forman el espacio y el tiempo. […]

En el mundo experimental humano la dimensión personal y social adquiere una importancia extraordinaria. Pese a todos los objetivos e intereses materiales, éste es la auténtica atmósfera en la que vivimos realmente como hombres. Sólo a través de la relación personal con otros hombres nos adentramos en una postura y comprensión mundanas; sólo así conseguimos un mundo humano. […]

Estamos metidos en un mundo experimental comunitario, que dilata y enriquece nuestra propia comprensión del mundo mucho más allá de lo que nosotros hayamos podido experimentar directamente y de cuanto jamás pudiéramos experimentar en el futuro... En este acontecer de la formación mundana le corresponde al lenguaje un papel de importancia capital por construir otro fenómeno fundamental de la existencia humana. Nuestro mundo es un mundo transmitido y expuesto por el lenguaje... abriéndonos así un acceso al conocimiento y a la comprensión de la realidad... Las relaciones humanas se realizan principalmente, aunque no sea de forma exclusiva, a través del lenguaje […]

La conducta del hombre

Toda conducta (humana) está fundamentalmente abierta más allá de un determinado entorno... No está irremediablemente vinculada a un entorno delimitado con rigidez... Por encima de su propio marco tiene un mundo abierto de par en par. […]

[…] una ley fundamental de la conducta humana. Esta conducta presupone una toma de distancia... por encima de las cosas del entorno y por encima de la propia naturaleza instintiva. Este distanciamiento original es lo que caracteriza la estructura fundamental de la conducta humana. […]

[…] La existencia humana está mediada por el mundo. Sólo en el conjunto de este mundo experimental espacio-temporal, personal y social, histórico y lingüístico, llega el hombre hasta sí mismo, puede realizarse como hombre. Siempre está mediado por otro para llegar a ser sí mismo. […]

Emerich Coreth, ¿QUÉ ES EL HOMBRE?
Esquema de una antropología filosófica. Herder, Barcelona, 1980.
Selección tomada de las págs. 81 a la 112.
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martes, 4 de agosto de 2009

LA PREGUNTA POR EL SENTIDO DE LA VIDA

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Por el Dr. Víctor E. Frankl


Lo que de verdad necesitamos en un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos, y después, enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperemos algo de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. Tenemos que dejarnos de hacernos preguntas sobre el significado de la vida y, en vez de ello, pensar en nosotros como en seres a quienes la vida les inquiriera continua e incesantemente. Nuestra contestación tiene que estar hecha no de palabras ni tampoco de meditación, sino de una conducta y una actuación rectas. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo.

Dichas tareas y, consecuentemente, el significado de la vida, difieren de un hombre a otro, de un momento a otro, de modo que resulta completamente imposible definir el significado de la vida en términos generales. Nunca se podrá dar respuesta a las preguntas relativas al sentido con argumentos especiosos. “Vida” no significa algo vago sino algo muy real y concreto que configura el destino de cada hombre, distinto y único en cada caso. Ningún hombre y ningún destino puede compararse a otro hombre o otro destino. Ninguna situación se repite y cada una exige una respuesta distinta; unas veces la situación en que un hombre se encuentra puede exigirle que emprenda algún tipo de acción; otras, puede resultar más ventajoso aprovecharla para meditar y sacar las consecuencias pertinentes. Y, a veces, lo que se exige al hombre puede ser simplemente aceptar su destino y cargar con su cruz. Cada situación se diferencia por su unicidad y en todo momento no hay más que una única respuesta correcta al problema que la situación plantea.

Cuando un hombre descubre que su destino es sufrir ha de aceptar dicho sufrimiento, pues esa es su sola y única tarea. Ha de reconocer el hecho de que, incluso sufriendo, él es único y está solo en el universo. Nadie puede redimirle de su sufrimiento ni sufrir en su lugar. Su única oportunidad reside en la actitud que adopte al soportar su carga. [1]


EL SENTIDO DE LA VIDA

Dudo que haya ningún médico que pueda contestar ésta pregunta en términos generales, ya que el sentido de la vida difiere de un hombre a otro, de un día para otro, de una hora a otra hora. Así pues, lo que importa no es el sentido de la vida en términos generales, si no el significado concreto de la vida de cada individuo en un momento dado. Plantear la cuestión en términos generales puede equipararse a la pregunta que se le hizo a un campeón de ajedrez: “Dígame, maestro, ¿cuál es la mejor jugada que puede hacerse?”. Lo que ocurre es, sencillamente, que no hay nada que sea la mejor jugada o una buena jugada, si se la considera fuera de la situación especial del juego y de la peculiar personalidad del oponente. No deberíamos buscar un sentido abstracto a la vida, pues cada uno tiene en ella su propia misión que cumplir; cada uno debe llevar a cabo un cometido concreto. Por tanto, ni puede ser reemplazado en la función, ni su vida puede repetirse; su tarea es única, como única es su oportunidad para instrumentarla.

Como quiera que toda situación vital representa un reto para el hombre y le plantea un problema que sólo él debe resolver, la cuestión del significado de la vida puede en realidad invertirse. En última instancia, el hombre no debería inquirir cuál es el sentido de la vida, sino comprender que es a él a quien se inquiere. En una palabra, a cada hombre se le pregunta por la vida y únicamente puede responder a la vida respondiendo por su propia vida; sólo siendo responsable puede contestar a la vida. De modo que la Logoterapia considera que la esencia íntima de la existencia humana está en su capacidad de ser responsable. [2]


Frankl, Víctor E., EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO.
Herder, Barcelona, 1995. [1] págs. 78-79. [2] Págs. 107-108

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lunes, 18 de mayo de 2009

LÓGICA CLÁSICA


Notas al “SILOGISMO CATEGÓRICO”

El silogismo categórico (considerado por la lógica clásica como el silogismo deductivo por antonomasia) está compuesto (sólo) por tres juicios: la premisa mayor (donde se encuentra el término mayor), la premisa menor (donde se encuentra el término menor) y la conclusión (donde se encuentran el menor y el mayor, en éste orden). Además de estos términos hay otro que se hace presente como elemento común en la primera y segunda premisa, y que desaparece en la conclusión: el término medio, quien después de servir y provocar la unión de los otros términos silogísticos los abandona antes de la conclusión.

Según la posición del término medio en la estructura silogística se habla de figuras del silogismo. Hay cuatro figuras. En la primera figura, el término medio es el sujeto en la premisa mayor y predicado en la premisa menor. En la segunda figura, el término medio hace de predicado en las dos premisas. En la tercera figura el término medio es sujeto en las dos premisas. Y en la cuarta figura, el término medio es predicado en la premisa en la mayor y sujeto en la menor. Veamos los esquemas de figuras que se utilizarán.

Las proposiciones categóricas (A-E-I-O) no pueden presenciarse de cualquier modo en el silogismo. Existen modos válidos para (distribuirse las proposiciones en) cada figura, además de reglas para los silogismos categóricos. Pondremos a continuación los modos válidos para cada una de las figuras (hay que leer las proposiciones verticalmente: las dos primeras son premisas, y la tercera, debajo de la barra, es la conclusión).

[Lamentablemente este Blog no me permitió, de ningún modo, introducir las Tablas, con columnas y filas, que había hecho, de modo que tuve que ajustarme a ésto -de hecho, ni siquiera me reconoce los espacios que he dejado entre proposición y proposición categórica! Son cuatro párrafos, va de la 1º a la 4º figura, que es la última, y cuenten, de izquierda a derecha para transcribir los modos según hicimos en el pizarrón]


A- E - A - E
A- A - I - I
A- E - I - O

E - A - E - A
A - E - I - O
E - E - O - O

A - E - I - A - O - E
A - A - A - I - A - I
I - O - I - I - O - O

A - A - I - E - E
A - E - A - A - I
I - E - I - O - O



* Si se pide inventar en alguna consigna un silogismo categórico válido, con premisas verdaderas, téngase en cuenta que éstas no deben ser "obviedades" o expresiones sinonímicas (p.e.: "Todos los hombres son personas") o contradicciones ("Ningún humano es canino". Y NO SE DEBE USAR EL MODO "E-I-O", pues éste, al ser válido para todas las Figuras suele utilizarse de modo complicado, por ser el más recordado. Por otro lado, deberá atenderse las siguientes reglas.


REGLAS DE SILOGISMO CATEGÓRICO

Además de los modos y figuras válidos, los autores destacaron la necesidad de atender a otras reglas y/o advertencias, a fin de proceder sin error en la construcción de silogismos. Así surgieron las Reglas de silogismo categórico, las cuales trascribimos a continuación.

1. El silogismo sólo tiene tres términos y deben utilizarse siempre con el mismo sentido.
2. Los términos no deben tener mayor extensión en la conclusión que en las premisas.
3. El término medio debe aparecer por lo menos una sola vez en toda su extensión.
4. El término medio no debe aparecer en la conclusión.
5. De premisas negativas no se concluye nada.
6. De premisas negativas no se concluye afirmativamente.
7. De premisas particulares afirmativas o negativas no se obtiene una válida conclusión.
8. La conclusión sigue siempre la parte más débil (sea particular y/o negativa)