martes, 11 de octubre de 2011

EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO EN LA MODERNIDAD


§ 1. La Modernidad es una época compleja en la Historia de la Humanidad y del pensamiento en particular. Desde el siglo XII, con el surgimiento de la (alta) Escolástica y la relectura de la obra del filósofo Aristóteles, especialmente de su Lógica y Metafísica, se fueron creando grandes sistemas de pensamiento que intentaron reemplazar a los (religiosos) que venían dominando durante la Edad Media, marcadamente cristiana y neoplatónica (salvo algunas excepciones, tal como se nos presenta a Boecio). Y he aquí donde debemos ubicar el germen del “pensamiento moderno” (en el antiguo y medioeval llevado hasta la plenitud) al mismo tiempo que la necesidad de un renacimiento filosófico más profundo e integral.

§ 2.1. El siglo XV trajo consigo la “revolución universal”, proveniente de muchos y diversos epicentros, y la puesta en crisis no solo el pensamiento medioeval y escolástico, sino de todos los antiguos paradigmas (y a la Tradición en general). Los avances de la ciencia fueron responsables destacados en la crítica y revisión de los antiguos paradigmas de pensamientos. En éste tiempo, el hombre volvió sobre sí, dejando de lado la fe y las cosmovisiones religiosas, así como las tradicionales explicaciones cosmológicas, y se propuso reflexionar de un modo nuevo.

§ 2.2. El Renacimiento y el Humanismo han sido dos fenómenos inmediatos del cambio de mentalidad que estaba padeciendo el “hombre nuevo”, moderno, y todo aquello que el hombre había adquirido con su esfuerzo intelectual y racional a lo largo de la historia comenzó a ponerse en tela de juicio y someterse a una severa crítica. Entonces, un escepticismo generalizado comenzó a impregnar todos los ámbitos de la vida del hombre –hasta la tierra, otrora firme, se volvió objeto de duda, pues la visión geocéntrica fue reemplazada por la heliocéntrica, y la teocéntrica fue superada por una antropocéntrica.

§ 3. Todas las cosas, en estos tiempos modernos, se podrían explicar desde el hombre y su entendimiento y experiencia. El tema filosófico principal será ahora: el conocimiento (mismo) del hombre. En efecto, tantas concepciones se creyeron dogmáticamente durante siglos... tanto se impuso la “objetividad” y verdad de las cosas, más allá de la diversidad de matices, que, al parecer desmoronarse todo, hasta la misma posibilidad de conocimiento del hombre se volvió el centro de las críticas más mordaces. Por eso, “el problema del conocimiento” del hombre (su origen, alcance y esencia) será el tema central de la Filosofía moderna.

§ 4. Como siempre, nos encontramos con distintos filósofos y distintas posturas, y también con filósofos antecedentes, entre los que se destacan el italiano Tomás de Aquino y el inglés Guillermo de Ockham, ambos pertenecientes, a su modo, a la Escolástica y con doctrinas opuestas. Tomás de Aquino fue quien reinterpretó toda la filosofía de Aristóteles, poniendo en el centro del escenario filosófico la doctrina del ser y la posibilidad de su conocimiento, a través del proceso de abstracción (cuyo puerto era la adquisición de la “esencia” universal de las cosas), y de su expresión, a través de la Lógica y el lenguaje. Por su parte, Ockham, negó la posibilidad de todo conocimiento universal y se limitó a considerar solamente lo singular concreto, recortando todo aquello que escapara a la razón, al tiempo que destacando la pobreza de las palabras para expresar adecuadamente las esencias de las cosas.

§ 5. Evidentemente que el hombre, por su inteligencia y sus sentidos, conoce, pero qué es lo que conoce cuando hace experiencia (personal) de las cosas (exteriores a su sensibilidad). Y he aquí ya la presentación primera de los dos elementos fundamentales en todo acto de conocimiento: el objeto y el sujeto. Y también he aquí los elementos más discutidos. En efecto, en el resultado del proceso del conocimiento, ¿dónde termina el sujeto y comienza el objeto? O, dicho de otro modo, ¿qué es lo que existe, de modo verdaderamente objetivo?

§ 6. Para algunos filósofos el resultado del proceso del conocimiento dependía de algunos conceptos (ideas) con las que el hombre había nacido (siendo, de éste modo, innatos). Pues el hombre no venía con el “entendimiento vacío” (tal como afirmaban los empiristas, Locke y Hume), sino que estaba ya, desde el nacimiento, “esculpido por ciertas ideas” (y estos eran los racionalistas innatistas, entre los que se destacan Descartes y Leibniz). Y ésta primera distinción es la que refiere al origen o fundamento del conocimiento (considerado como realidad final y cierta). En efecto, casi todos los filósofos coinciden en que el conocimiento comienza por la sugerencia de los sentidos, pero para los racionalistas, con las “noticias sensoriales” (o datos de las percepciones) se pone en marcha a un conjunto de ideas (que ya están en el entendimiento, y que no proceden de ninguna experiencia) que finalmente terminan edificando el conocimiento. Para los empiristas, en cambio, no hay nada en el entendimiento que no haya éste extraído de la experiencia, o que haya edificado inventado a partir de ella. El conocimiento es una realidad construida por la mente, pero su materia es íntegramente empírica. El entendimiento crea, construye, ordena, inventa, para ambos tipos de filósofos, pero la argamasa es la que cambia. Mientras para los empiristas entendimiento y experiencia-de-los-sentidos-externos es la materia del conocimiento, para los racionalistas se edifica el conocimiento en un diálogo recíproco entre ideas, datos sensoriales y la actividad de la mente o entendimiento.

§ 7. Habrán, desde ya, autores que contradirán los pensamientos de los anteriormente expuestos, afirmando, la imposibilidad misma de cualquier clase de conocimiento (Nietzsche y algunos escépticos), por encontrarse objeto y sujeto en dos esferas completamente diferentes e inconciliables, al tiempo que incognoscibles de modo definitivo; aquellos que tratarán de conciliar el racionalismo con el empirismo, afirmando que existen cosas objetivas pero subjetivamente conocidas (Kant), y que la razón tiene ideas (con las que puede sintetizar los datos de la experiencia), aunque todo sus conocimientos procedan de la sensibilidad; y aquellos que, directamente, niegan toda realidad extramental, todo objeto-y-objetividad, afirmando que la existencia es tal en tanto y en cuanto “es percibida” por un espíritu (Berkeley).

§ 8. Con los autores del “idealismo alemán” la filosofía moderna tradicional da otro vuelco importante. Trascendiendo el kantismo, la Filosofía abandona el antiguo objeto fundamental de su reflexión, que es la cosa exterior (cosa en sí) u objeto de la conciencia, y se atreve a dar un giro radical. Los filósofos idealistas (J. G. Fichte, F. W. Schelling y G. W. F. Hegel) ya no consideran a la cosa en sí (o realidad objetiva) el objeto del conocimiento, sino que centran toda su atención en el sujeto conciente (o cognoscente) o yo (singular, finito, tal como se concibe al entendimiento humano) contingente.

§ 9.1. El punto de partida de toda la filosofía idealista es la disolución de la distinción (Schelling) fundamental que hizo la gnoseología clásica entre el sujeto (o yo cognoscente) y objeto (o lo conocido). En efecto, el idealismo pasa (inmediatamente) de la admisión del yo (sujeto) y no-yo (objeto) a la identificación de uno y de otro en la conciencia, y ésta disolución (de los polos gnoseológicos) es posible gracias al ansia de superación que trajo consigo la mismísima noción de progreso universal.

§ 9.2. La identificación de yo y no-yo (Fichte) tiene, para estos pensadores, una suerte de doble fundamento. Uno, inmanente (y que está más acá del sujeto), tal como es la actividad de su propio entendimiento, y otro trascendente, que es la existencia de un Yo superior, en el que se unifica, en última instancia, toda oposición (incluida la que existe entre sujeto y objeto). A este Yo Absoluto se lo considera de carácter divino o como al dios mismo, según el caso. Y es que el idealismo alemán es descendiente del pensamiento del filósofo Baruch Spinoza, quien consideraba a todas las sustancias (participaciones) de (la) naturaleza divina (aunque en distintos grados), susceptible de descubrimiento y conocimiento racional (es decir, filosófico), pues se halla la naturaleza (divina) en continua manifestación a la razón o conciencia.

§ 10. Ahora bien, es importante el modo como los idealistas explican esta manifestación en la Historia de esta sustancia divina, Dios, Pensamiento, Espíritu o Yo Autoconciente absoluto e infinito. La manifestación –dicen– es dialéctica, es decir, progresiva y se da a través de opuestos. De esta manera, la historia es considerada como un proceso (el escenario) en y por medio del cuál se despliega (y manifiesta) el Yo-Absoluto (que deviene, y en el Devenir que hace con su devenir).

§ 11. El proceso de progreso indefinido es racional, esto es, inteligente, no al azar; no permanece oculto al hombre sino que puede conocerse por medio de la razón (que es cierta participación directa de la Razón Absoluta). La filosofía, en particular, será la encargada, de descubrir y mostrar este despliegue del Espíritu, y ayudar a los hombres a tomar conciencia del mismo, a fin de hacerse cierto uno en el todo, asumiéndose como parte y mero momento del proceso.

§ 12. Precisemos un poco más. Para los idealistas, detrás de la realidad cotidiana que aparece a la conciencia nuestra, se da la gestación, el entretejido imperceptible, de este proceso (de ser y mostrarse el Espíritu Absoluto). El proceso dialéctico, y consta de tres momentos o instancias: el primero es de afirmación (tesis), el otro, el segundo, es de negación (anti-tésis) de aquella tesis, y el tercero es de superación de aquellos opuestos (síntesis). Este progreso (noción que toma el “idealismo” del Romanticismo alemán y que lleva hasta el extremo) se realiza mientras se van dando estas instancias, y de modo inexorable (necesario) e ininterrumpido. Así, la historia, y todo lo que (contingentemente) existe (y se da en ella), es un gran Fenómeno, una manifestación o fenomenología del Espíritu Absoluto divino (Hegel). -


Prof. Pablo H. Bonafina.-

BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA - Gnoseología


El problema del conocimiento en la Modernidad (del Renacimiento al Idealismo)

http://www.filosofianueva.com.ar/ap_modernidad_bonafina.htm

Realismo (ver párrafo primero, “en Filosofía moderna”)

http://es.wikipedia.org/wiki/Realismo_filos%C3%B3fico

Descartes

http://www.filosofianueva.com.ar/tx_descartes.htm

http://bonafina.blogspot.com/2009/02/rene-descartes-el-comienzo-del.html

http://www.filosofianueva.com.ar/tx_meditacionesmetafisicas.htm (ver negrita)

Empirismo, Racionalismo, Berkeley y Hume

http://bonafina.blogspot.com/2010/09/introduccion-al-empirismo.html

John Locke

http://www.filosofianueva.com.ar/tx_delasideasysuorigen.htm

Francis Bacon

http://www.portalplanetasedna.com.ar/francis_bacon.htm

George Berkeley

http://www.filosofianueva.com.ar/tx_berkeley.htm

Hume y el Dogmatismo

http://www.webdianoia.com/moderna/hume/hume_conoc.htm (el origen del conocimiento)

http://www.webdianoia.com/moderna/hume/hume_causa.htm (crítica a la Causalidad)

Dogmatismo

http://es.wikipedia.org/wiki/Dogmatismo_(filosof%C3%ADa)

http://filosofia.idoneos.com/index.php/Problemas_filosoficos/Dogmatismo

Emmanuel Kant

http://www.filosofianueva.com.ar/ap_hopkins.htm

http://www.filosofianueva.com.ar/ap_introduccionakant.htm

Fenomenología

http://www.filosofianueva.com.ar/ap_fenomenologiayesencias.htm

Algunas definiciones (para recapitular)

http://www.filosofianueva.com.ar/ens_FilosofiaDeManuales.htm

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OPTIMISMO DE LA ANTROPOLOGÍA EXISTENCIALISTA *

Por Jean-Paul Sartre

Un hombre que se compromete en la vida dibuja su figura, y fuera de esta figura no hay nada. Evidentemente, este pensamiento puede parecer duro para aquel que no ha triunfado en la vida. Pero, por otra parte, dispone a las gentes para comprender que sólo cuenta la realidad, que los sueños, las esperas, las esperanzas, permiten solamente definir a un hombre como sueño desilusionado, como esperanzas abortadas, como esperas inútiles; es decir que esto lo define negativamente y no positivamente; sin embargo, cuando se dice: tú no eres otra cosa que tu vida, este no implica que el artista será juzgado solamente por sus obras de arte; miles de otras cosas contribuyen igualmente a definirlo. Lo que queremos decir es que el hombre no es más que una serie de empresas, que es la suma, la organización, el conjunto de las relaciones que constituyen estas empresas.

En estas condiciones, lo que se nos reprocha aquí no es en el fondo nuestro pesimismo, sino una dureza optimista. Si la gente nos reprocha las obras novelescas en que describimos seres flojos, débiles, cobardes y alguna vez francamente malos, no es únicamente porque estos seres son flojos, débiles, cobardes o malos; porque si, como [Émile] Zola [el creador del naturalismo moderno francés], declaráramos que son así por herencia, por la acción del medio de la sociedad, por un determinismo orgánico o psicológico, la gente se sentiría segura y diría: bueno, somos así, y nadie puede hacer nada; pero el existencialista cuando describe un cobarde, dice que el cobarde es responsable de su cobardía. No lo es porque tenga un corazón, un pulmón o un cerebro cobarde; no lo es debido a una organización fisiológica, sino que lo es porque se ha construido como hombre cobarde por sus actos. No hay temperamento cobarde; hay temperamentos nerviosos, hay sangre floja, como dicen, o temperamentos ricos; pero el hombre que tiene una sangre floja no por eso es cobarde, porque lo que hace la cobardía es el acto de renunciar o de ceder; un temperamento no es un acto; el cobarde está definido a partir del acto que realiza. Lo que la gente siente oscuramente y le causa horror es que el cobarde que nosotros presentamos es culpable de ser cobarde. Lo que la gente quiere es que se nazca cobarde o héroe. Uno de los reproches que se hace a menudo a Chemins de la Liberté [Caminos de la Libertad], se formula así: pero, en fin, de esa gente que es tan floja, ¿cómo hará usted héroes? Esta objeción hace más bien reír, porque supone que uno nace héroe. Y en el fondo es esto lo que la gente quiere pensar: si se nace cobarde, se está perfectamente tranquilo, no hay nada que hacer, se será cobarde toda la vida, hágase lo que se haga; si se nace héroe, también se estará perfectamente tranquilo, se será héroe toda la vida, se beberá como héroe, se comerá como héroe. Lo que dice el existencialismo es que el cobarde se hace cobarde, el héroe se hace héroe; hay siempre para el cobarde una posibilidad de no ser más cobarde y para el héroe de dejar de ser héroe. Lo que tiene importancia es el compromiso total, y no es un caso particular, una acción particular lo que compromete totalmente. Así, creo yo, hemos respondido a cierto número de reproches concernientes al existencialismo. Ustedes ven que no puede ser considerada como una filosofía del quietismo, puesto que define al hombre por la acción; ni como una descripción pesimista del hombre: no hay doctrina más optimista, puesto que el destino del hombre está en él mismo; ni como una tentativa para descorazonar al hombre alejándole de la acción, puesto que le dice que sólo hay esperanza en su acción, y que la única cosa que permite vivir al hombre es el acto. En consecuencia, en este plano, tenemos que vérnoslas con una moral de acción y compromiso.


EL EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO.
Losada, Bs. As., 1998. Págs. 30-31.

* El título, las expresiones entre corchetes y las negrita no están en el original [P.B.]

lunes, 27 de septiembre de 2010

INTRODUCCIÓN AL «EMPIRISMO»

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El filósofo y doctor JOHN LOCKE (1632-1704) es el primer gran exponente de la “corriente filosófica” llamada “EMPIRISMO”, palabra que procede del griego “empeiría” que significa “experiencia”. Rechaza la postura del racionalista RENÉ DESCARTES (1596-1650), quien había dicho que el conocimiento se lleva a cabo a través de ciertas “ideas innatas”, “con las que nacemos” y que puso Dios en nuestra alma o mente, y a través de la “razón”, y pone en el centro del conocimiento la “experiencia de los sentidos externos” y no “lo que piensa la razón”. Para Locke los “objetos existentes fuera de la mente”, al ser percibidos, dejan en nosotros ciertas “impresiones”, de donde proceden las “ideas”, de modo que las ideas son una “abstracción del entendimiento” y no “algo existente” en nosotros antes de que “percibamos” las cosas; es decir, puestas en nosotros desde que venimos al mundo. Para Locke, en efecto, como para Aristóteles, nuestra mente viene al mundo como una “tabula rasa” (la expresión en latín quiere decir, como una “tablilla sin esculpir, sin tallar” –se refiere a las antiguas tablillas de piedra en donde se escribía), y los objetos que ingresan en “nosotros” a través de los sentidos “esculpen”, “tallan” sus impresiones.

Para GEORG BERKELEY (1685-1753), no es “las impresiones de los sentidos externos” lo que construye el verdadero conocimiento de las cosas sino que, a diferencia de Locke, la “experiencia subjetiva” hace a la “percepción” del objeto. El “ser”, “lo que existe” es “ser percibido”. La “experiencia” (emperiría) toma el papel principal y protagónico. Así, una cosa, “si es percibida” se puede decir que “tiene ser”, o sea, que existe”. Ya no es necesario “tomar contacto (físico) con las cosas”; porque las cosas, en efecto, pueden ser engañosas, no así las “percepciones”, por eso el “ser es percibido ser” (en latín: “esse est percipi”).

El escocés DAVID HUME (1711-1776), influenciado por Locke y Berkeley toma, del primero que (1) “conocemos a través de la experiencia que nos proporcionan los sentidos externos las cualidades de un objeto”, para el segundo, (2) “conocemos a través de la experiencia no sensible sino que está en nuestro entendimiento”; y así llega a la noción de “hábito” de “unir” “nociones” que están en el entendimiento pero cuyos fundamentos (“cosas”) están separadas en la realidad –lo que se ve con claridad en el ejemplo de la “causalidad” que es la “creencia” en que un “hecho” o “cosa” se sigue siempre de modo “necesario” de una “causa”; así todos cuando creen en la “causalidad” afirman la existencia de una “causa”, y toman a los “objetos” como “efectos”, con el fin de llegar a justificar a Dios mismo, la “Causa de las Causas”, quien tiene como “efecto” el Universo. Ésta es su teoría: la “imaginación” “une”, lo que, en la realidad, está desunido, por el “hábito” y “cree” (belief) que así son las cosas. En el fondo, Hume, quiere aniquilar toda posibilidad de “hacer metafísica”, es decir, de “filosofar” más allá de lo que se puede “percibir por la experiencia” y argumenta que el “discurso metafísico” es posible gracias a la noción de “causa y efecto”.-

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jueves, 19 de agosto de 2010

“DE LA SIMBOLIZACIÓN A LAS TABLAS DE VERDAD”

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Para leer al final de las páginas 51 a 58 (§ 1 al 5) del capítulo “LÓGICA PROPOSICIONAL” del NUEVO CURSO DE FILOSOFÍA Y LÓGICA del Prof. G. Obiols –Kapelusz, Bs.As., 1999.


Habíamos mencionado en la última clase el “proyecto” de la “Lógica Moderna” de “simbolizar” todas las expresiones del lenguaje común y pasarlo, traducirlo en “símbolos” a fin de evitar errores en las expresiones (confusiones, ambigüedades, vaguedades y otros “problemas” habituales). Habíamos hecho una primera y gran distinción entre la simbolización de las “expresiones proposicionales” (de las proposiciones, juicios u oraciones) y de los “nexos” que, eventualmente, “unen” a las diversas “proposiciones atómicas”, convirtiéndolas en “moleculares” o compuestas. Según lo visto, sabemos ya que son LOS NEXOS los que DETERMINAN EL TIPO Y NOMBRE DE LAS PROPOSICIONES COMPUESTAS. Así, nos encontramos con dos tipos de símbolos: VARIABLES y CONSTANTES. Las “variables” son aquellas “estructuras lógicas” cuya materia (contenido) puede variar –son las proposiciones–, y se simbolizan, según su orden de aparición en un discurso siguiendo el orden “abecedario” y con letras minúsculas (p, q, r, s, etcétera). Las “constantes” son los símbolos que “dicen siempre lo mismo y de modo inequívoco”: los nexos. Siempre un “nexo” conjuntivo, disyuntivo incluyente, disyuntivo excluyente, condicional o bicondicional, entre otros, se expresarán de la misma forma. Y a éstas formas se deben reducir las expresiones habituales del lenguaje común, a fin de hacerlo más “claro y preciso”. Las palabras del lenguaje “oral y vulgar”, para los lógicos modernos y analistas del lenguaje, son confusas (como ya pudimos ver al estudiar las “falacias”). Por eso, ahora, la Lógica tratará de llegar al conocimiento, a la verdad por un camino más exacto. EN ADELANTE, LA “LÓGICA MODERNA” DECIDIRÁ SI UNA EXPRESIÓN ES VERDADERA O FALSA SIGUIENDO UN MÉTODO DE “TIPO MATEMÁTICO”, llamado: Tablas de la Verdad. Este “método” mecánico, “ecuacional”, de estilo matemático, quiere mostrar y demostrar en qué casos una proposición (u expresión) es o puede ser verdadera o falsa. Para llevar a cabo esta tarea 1º simboliza la expresiones del lenguaje común (uniendo las proposiciones simbolizadas con “letras” entre los nexos de unión, que le dan el nombre a la proposición compuesta) y 2º las dispone en “tablas” (según sus posibilidades de ser, la primera verdadera, la segunda falsa y viceversa, hasta agotar todas las posibilidades; y determinar en qué casos puede ser verdadera y en qué caso falsa), a fin de que resulten evidentes los resultados. Para esto, se han elaborado algunas reglas básicas, que se deducen de todas las posibilidades de encuentro de los valores de las diversas proposiciones. De este modo, por ejemplo, diremos que una conjunción es verdadera será verdadera si sus dos proposiciones unidas por su nexo simbólico (“.”) son verdaderas, de lo contrario, será falsa –y así se podrá dilucidar el valor final de la estructura proposicional. El objetivo final es determinar si una proposición o estructura lógica es verdadera siempre, en todos los casos posibles de unión (en cuyo caso será una TAUTOLOGÍA), o falsa en todos los casos (en cuyo caso será una CONTRADICCIÓN) o verdadera y/o falsa, según sea “el modo, orden, de encuentro” entre las diversas proposiciones y según el caso (en cuyo caso será una CONTINGENCIA LÓGICA; es decir, una expresión que puede ser verdadera o falsa, y depende esto del modo de ubicar las proposiciones en el orden de una “ecuación lógica” o “discurso lógico simbólico”). En efecto, EL MÉTODO DE LAS “TABLAS DE LA VERDAD” ES EL MODO DE COMPROBAR DE MODO INMEDIATO, Y CASI DIRÍAMOS, SIN RAZONAR DEMASIADO, LA VERDAD O FALSEDAD DE LA ESTRUCTURA PROPOSICIONAL, sin importar su contenido, pues “lo que se represente” con los símbolos (de las VARIABLES) no modifica en nada su “valor”, pues éste se decide, por los nexos y no importa cuál será el objeto del pensamiento, sino su “valor práctico y demostrable”.


Prof. Pablo H. Bonafina (alumnos@filosofianueva.com.ar).-

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martes, 15 de junio de 2010

Elementos bibliográficos para IPC (PhB)


DE LA LÓGICA A LA FILOSOFÍA, Y VICEVERSA

http://bonafina.blogspot.com/2007/07/lgica-introduccin.html


NOTA SOBRE “SEMIOLOGÍA”
http://bonafina.blogspot.com/2009/04/semiologia.html


LA INFERENCIA Y SUS TIPOS

http://bonafina.blogspot.com/2009/04/elementos-de-logica.html


SILOGISMO CATEGÓRICO

http://es.wikipedia.org/wiki/Silogismo_categ%C3%B3rico


NOTA SOBRE EL “SILOGISMO CATEGÓRICO”

http://bonafina.blogspot.com/2009/05/logica-clasica.html


LÓGICA PROPOSICIONAL

http://es.wikipedia.org/wiki/L%C3%B3gica_proposicional


EPISTEMOLOGÍA

http://es.wikipedia.org/wiki/Epistemolog%C3%ADa#cite_note-0


domingo, 7 de marzo de 2010

«LA DEMOCRACIA»

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En el mundo contemporáneo existen una pluralidad de imágenes y usos para el concepto de democracia. En la mayoría de los casos la palabra "democracia" es usada como sinónimo de libertad, de igualdad, de gobierno de mayoría, de justicia social, de fraternidad, etc. Sin embargo, para algunas personas es símbolo de ineficacia, anarquía y de politiquería.

Lo cierto es que la democracia constituye un régimen político que implica no sólo una forma de gobierno y estructura económica social, sino también valores, actitudes y conductas democráticas. Además, es el sistema político usado en la mayor cantidad de países en el mundo.

El fundamento de la democracia es el reconocimiento de la dignidad de la persona humana. Las personas son libres y conscientes de su libertad, tienen la facultad de decidir y elegir.

La democracia es la forma de organización social y política que mejor garantiza el respeto, el ejercicio y promoción de los derechos humanos. La democracia, al igual que los hombres y las mujeres, es perfectible.

Desde el punto de vista político, la democracia es una forma de gobierno en que la propia sociedad, orienta y dirige el poder del Estado. Abraham Lincoln en 1863 la definió como "el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo".

El gobierno democrático parte del supuesto de que todos los miembros de la nación están llamados a intervenir en su dirección. Da la posibilidad de participar en el destino de la sociedad, para el interés común general.

La democracia como hecho histórico tiene su origen en el siglo V antes de Cristo, para designar la forma de organización política que adopta la polis de Atenas. Este régimen fue instaurado después de un largo proceso de reformas y cruentas revoluciones.

Etimológicamente, la palabra "democracia" se compone de dos palabras griegas: "demos", que significa pueblo, población, gente, y "kratos", que significa poder, superioridad, autoridad.


Características de la democracia

Es constitucionalista, pues sienta sus bases en una Carta Fundamental donde se establece la organización y atribuciones de los poderes públicos como también se reconocen y garantizan los derechos humanos.

• Establece el bien común como fin del Estado.
• Es el Gobierno de la mayoría con respeto a los derechos de las minorías.
• Permite el pluralismo ideológico y político.
• Incentiva las libertades políticas que rodean al proceso electoral
• Permite elecciones libres periódicas de los gobernantes según las normas preestablecidas, con sufragio universal, secreto, personal, igual y debidamente informado de los ciudadanos.
• Se da una competencia pacífica del poder. Se descarta todo tipo de violencia tanto física como verbal, al igual que el terrorismo.
• Se distribuye el Poder del Estado en órganos diferentes, para evitar el abuso de uno de ellos a través del control de los otros.
• Se reconoce la autonomía de los cuerpos intermedios de la sociedad para que los ciudadanos satisfagan diversas necesidades.
• Permite la vigencia efectiva de un estado de derecho.


Atributos de la democracia

Los atributos se refieren a los valores, principios y reglas que todo régimen democrático ha de tener.

I) Valores democráticos

La dignidad de la persona: Reconocimiento y valoración integral de todos los individuos por el hecho de ser persona humana. Todos, sean de distinto sexo, edad, etnia, condición socioeconómica y cultural, tienen una misma dignidad inalienable.

La libertad: Es una característica de toda persona humana que la trae consigo al momento de nacer. Ella le permite optar o elegir, tomar decisiones, definir su vida personal y social. La libertad es inherente a nosotros mismos.

La igualdad: Es un valor que reconocemos a todas las personas humanas por igual. Todos nacemos iguales en derechos y dignidad.


II) Principios esenciales de la democracia

Respeto, promoción y garantía de los derechos humanos: El Estado está obligado al respeto de los derechos de las personas, a promoverlos y garantizarlos a través de normas jurídicas y mecanismos eficaces ante un Poder Judicial independiente. Los ciudadanos tienen, por su parte, la responsabilidad de valorar, respetar y promover los derechos de sus semejantes en el medio social que se desarrollan.

La autodeterminación del pueblo o la Soberanía popular: Constituye el reconocimiento efectivo de que el pueblo, es decir, el conjunto de ciudadanos-electores a través del sufragio universal, tiene la capacidad y el poder de elegir el tipo de gobierno que estime conveniente con total independencia y libertad. El pueblo es la fuente donde nace y se origina el poder del Estado, quien lo delega en autoridades o gobiernos. Ninguna persona o grupo tiene el derecho de imponer sin el consentimiento del pueblo una determinada forma de organización política.


III) Reglas democráticas

• Gobierno de la mayoría con respeto a los derechos de las minorías.
• Pluralismo político e ideológico.
• Búsqueda de solución pacífica a los problemas.
• Elección periódica y libre de los gobernantes.
• Existencia de un estado de derecho.
• Respeto por la autonomía de los cuerpos intermedios.


Atributos variables de la democracia

Los atributos variables se refieren a características cuya intensidad, frecuencia o grados pueden variar o no ser similares entre regímenes democráticos.

• Intensidad y frecuencia de la participación ciudadana.
• La mayor o menor fidelidad con que el sistema de elecciones de las autoridades refleje y represente la voluntad ciudadana.
• Mecanismos que garanticen los derechos humanos.
• La existencia de estructuras organizativas que favorezcan el acceso del mayor número posible de ciudadanos a los cargos de responsabilidad.
• La posibilidad de controlar las tareas de las autoridades electas y la posibilidad de hacerlas dimitir en el momento que no desempeñen correctamente sus cargos.
• Posibilidad real de participación política de la oposición.-


BIBLIOTECA DEL CONGRESO NACIONAL DE CHILE
http://www.bcn.cl/ecivica/democracia
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miércoles, 27 de enero de 2010

Acerca de la «ESENCIA Y EXISTENCIA»

A propósito del EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO

de J.-P. Sartre


En la metafísica clásica nos encontramos con [1] quienes afirman la “unidad de principios ontológicos” en el “ente real existente” y, junto con esto, la coexistencia simultánea, desde la generación hasta la corrupción del ente, de la esencia y la existencia; y, por otro lado, [2] con quienes consideran a esta misma esencia poseyendo solo una potencialidad absoluta, que se actualiza sólo en el ente real existente, manteniendo su actualidad sólo en la definición conceptual. Pero existe una tercera consideración metafísica, no clásica, seguida por algunos autores. [3] Éstos pretenden entificar a la esencia, declarándola “preexistiendo en acto” y precediendo a la mismísima existencia. Éstos últimos, afectados por la teoría de las “entidades ideales” (las ideas ejemplares de origen platónico), sostienen la existencia de entes sin materialidad, sin lo que se denomina “existencia real”. Detrás de quienes tal doctrina sostienen, subyace la creencia creacionista judeo-cristiana según la cuál preexisten en la mente del Dios creador las “ideas ejemplares” de lo que luego plasmará en la historia. En algunos filósofos y algunas metafísicas, esta fue la conclusión: la esencia es una suerte de ente sin existencia, pero que existe, auténtica y virtualmente, en la Mente Divina, y que luego, por su voluntad creadora, adquiere existencia real. Con esto, asistimos a una inversión de los principios metafísicos clásicos: la esencia precede a la existencia, y ésta está determinada por aquella, puesto que Dios ya le ha impuesto sus determinaciones.


El existencialismo moderno concibe, a partir de aquello en lo que devino la existencia, el proyecto de aniquilar a cualquier metafísica perteneciente a ésta tercera forma. Declara a la segunda forma originadora de la tercera, por admitir acto en lo que sólo es una entidad potencial. E intenta ir más allá de la tradicional consideración primera, en la que coexistían, desde siempre, existencia y esencia, en el único ser material existente o ente. Y así llegamos a la declaración existencialista de que “la existencia precede a la esencia”, y de que ésta no es nada. En efecto, el determinismo metafísico al que se había abordado requería un poner de nuevo en consideración no sólo el dinamismo del ser sino también, en lo que refería a la naturaleza humana misma, la libertad humana, a fin de hacer de nuevo al hombre protagonista de su propia existencia. En efecto, en un Universo preexistente en la Mente de Dios (o un Cielo inteligible) no hay lugar para la espontaneidad, ni para la libertad y la contingencia humana. Por eso, el existencialismo consideró que era necesario demoler de modo definitivo este determinismo, para lo cuál comenzó adhiriendo a la moderna declaración de la muerte de Dios: el creador de las esencias.


Para los existencialistas, de la afirmación de las esencias los metafísicos pasaron de modo ilegítimo a afirmar la existencia de una naturaleza fija y determinada del hombre, y de valores absolutos por los que ésta debía regirse, quedando así la naturaleza del hombre bajo el dominio del paradigma divino que todos los existentes concretos debían realizar, pues, según se creía, para ello habían sido hechos: para reproducir paradigmas o, dicho en lenguaje metafísico, para desplegar en la existencia la virtualidad de la esencia o naturaleza, otro concepto originariamente dinámico que la metafísica degeneró y cosificó, como hizo, por otra parte, con todas las realidades.-


viernes, 16 de octubre de 2009

LA RELACIÓN DEL HOMBRE CON EL MUNDO (Prof. Emerich Coreth)

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Hombre y mundo

“El individuo no es en su origen un puro yo aislado de todo lo demás, que se complete y experimente a sí mismo en la inmanencia de su propia conciencia. Sólo en el conjunto de un mundo humano común llega el individuo a encontrarse a sí mismo. Sólo en la comunidad de la experiencia humana se forma y desarrolla la propia comprensión. Aquí entra también sin duda el hecho de que cada uno se experimente en su individualidad y singularidad; más aun, en su definitiva e insoslayable soledad, aislado de todos los demás y abocado a sí mismo sabiéndose insustituible en su ser propio y personal, sabiendo el carácter inalienable de su decisión y responsabilidad personales. Pero también esto es una experiencia humana universal que se formula en una afirmación antropológica común. Tal experiencia presupone por sí misma la universalidad de un mundo humano, que nos llega a través de la historia, se nos da en la comunidad y se nos revela en el lenguaje común. Sólo en ese todo surgen la experiencia y comprensión personales del individuo. Y sólo sobre ese fundamento puede preguntarse ¿qué es el hombre?

La respuesta a esta pregunta tiene que arrancar metodológicamente de este fenómeno general; no de un puro yo o de la pura conciencia. Originariamente el hombre no es un puro sujeto sin mundo y sin historia [...] Jamás nos encontramos con una autoconciencia inmanente y cerrada, que empiece por estar en sí misma y que posteriormente se afinque en los demás. Más bien, nos descubrimos a nosotros mismos en lo otro, en una unidad dialéctica de autorrealización y realización mundana, de autocomprensión y comprensión del mundo. Esa totalidad es una posición en movimiento de relación y condicionamiento entre mí y lo que me rodea, entre el hombre y su mundo. […]

El fenómeno fundamental de la autoexperiencia humana es que nos hallamos de antemano en medio de una realidad, en medio de las cosas y de los hombres con que tratamos, que influyen en nosotros y con los que estamos en múltiples relaciones. Nuestra existencia está referida al mundo, tanto al mundo de las cosas y de los objetos como, ante todo y sobre todo, al mundo humano personal. Por lo tanto, nuestra existencia concreta está condicionada y determinada de múltiples formas. Tiene dadas unas posibilidades, pero también está sujeta a ciertas limitaciones.

Esto se aplica a nuestra misma vida corporal biológica, que pertenece a este mundo de cosas, está sometida a leyes físicas y químicas...

Sólo el hombre está abiertamente orientado hacia el entorno humano. De su comunidad surge el individuo y en ella crece de forma humana. Aprende el lenguaje de comunidad, adopta sus costumbres y participa de su espíritu y de su cultura. Todo esto marca de forma decisiva la existencia individual, que está por ende ligada a todo ello y condicionada por ese mundo, y tanto más cuanto mayor es el grado de cultura y civilización. La orientación y relación mutua resultan tanto más estrechas. La vida del individuo se entrelaza con el complejo montaje relacional del acontecer social y cultural del mundo humano histórico. A través de todo esto se configura también aquello que nosotros experimentamos como nuestra vida propia y personal, es decir, nuestra vida íntima, y que designamos como vida espiritual. Esa vida está esencialmente condicionada por nuestro mundo (que nos rodea) […]

Lo que soy, lo que experimento y entiendo como yo mismo, es el resultado de un constante intercambio entre yo y mi mundo. Esto quiere decir, en primer término, que obtenemos de nuestro mundo los contenidos de nuestro conocimiento. Estamos relacionados con el mundo, salimos en cierto modo de nosotros mismos al mundo –o estamos siempre inmersos en él– para incardinarlo en la interioridad de nuestra conciencia. Vivimos en un constante intercambio e interrelación entre el dentro y el fuera. Sólo en la relación con el otro y en la asunción del otro dentro de nosotros mismos; es decir, en la supresión de la alienidad del otro, incorporándolo al contenido de nuestro propio mundo cognoscitivo, logramos la realización y enriquecimiento de nuestro ser personal... Nos realizamos a nosotros mismos en lo otro y desde eso otro alcanzamos y configuramos nuestro propio mundo espiritual. […]

Pero no somos seres únicamente conocedores; nos es esencial asimismo el querer y el actuar con relación al mundo. Con nuestra acción intervenimos en la realidad exterior defendiéndola y conformándola. Nuestros propios pensamientos y planes, nuestros objetivos y decisiones los realizamos y los objetivamos por una acción libre en la obra que realizamos en el mundo. De este modo la interioridad del espíritu se manifiesta en la exterioridad del mundo mediante la obra objetiva, expresión concreta e imagen sensible del espíritu humano. El mundo de las cosas se hace un mundo humano que el hombre configura y monta con una actuación humana dándole un sentido nuevo. La naturaleza se eleva al rango de cultura. Uno de los rasgos esenciales del hombre es que no vive, ni puede vivir, en la inmediatez de una naturaleza dada, sino en la mediación de naturaleza a cultura... y ha de transformar su mundo hasta hacer de él un mundo de cultura. Sólo así podrá convertirse en el espacio vital humano.

Todo lo que pertenece al mundo cultural humano en el sentido más amplio opera a su vez informando al hombre... No solamente configuran las circunstancias externas de los hombres que pertenecen a un determinado marco cultural histórico, sino que influyen en sus formas de pensar, en su ideología y modos de representación, en sus convicciones y valoraciones; con otras palabras, influye en la totalidad de la imagen que hombre tiene de sí mismo en el mundo histórico concreto. […]


El mundo del hombre

No nos referimos aquí al mundo entendido en un sentido cosmológico, como el conjunto de seres […]

Podemos definir el ‘mundo’ como la totalidad de nuestro espacio vital y de nuestro horizonte intelectivo concreto. En este sentido, el mundo... preexiste a cualquier experiencia particular, como un horizonte general previo y condicionante. […]

El elemento determinante que configura nuestro mundo es lo que nosotros denominamos experiencia. El mundo humano es un mundo experimental... En la experiencia nos encontramos a nosotros mismos como seres entre otros seres, en medio de una realidad que nos abraza y supera. Mundo, en el sentido de experiencia humana del mismo, significa por sí la totalidad de una realidad mundana a la que nosotros pertenecemos y que se nos abre... Pero experiencia no significa sólo una percepción sensible, sino que es siempre una penetración espiritual con el pensamiento y la inteligencia […] Pero el mundo de la experiencia es algo más que la suma de impresiones sensibles. Sólo la vivencia conciente, con la comprensión del sentido y del valor, sólo con unos enfoques reflexivos sobre la realidad dada surge la experiencia humana en su totalidad. […]

A nuestra experiencia el mundo se abre como una realidad espacial y temporal... Todo tiene su ‘aquí y ahora’ en el todo que forman el espacio y el tiempo. […]

En el mundo experimental humano la dimensión personal y social adquiere una importancia extraordinaria. Pese a todos los objetivos e intereses materiales, éste es la auténtica atmósfera en la que vivimos realmente como hombres. Sólo a través de la relación personal con otros hombres nos adentramos en una postura y comprensión mundanas; sólo así conseguimos un mundo humano. […]

Estamos metidos en un mundo experimental comunitario, que dilata y enriquece nuestra propia comprensión del mundo mucho más allá de lo que nosotros hayamos podido experimentar directamente y de cuanto jamás pudiéramos experimentar en el futuro... En este acontecer de la formación mundana le corresponde al lenguaje un papel de importancia capital por construir otro fenómeno fundamental de la existencia humana. Nuestro mundo es un mundo transmitido y expuesto por el lenguaje... abriéndonos así un acceso al conocimiento y a la comprensión de la realidad... Las relaciones humanas se realizan principalmente, aunque no sea de forma exclusiva, a través del lenguaje […]

La conducta del hombre

Toda conducta (humana) está fundamentalmente abierta más allá de un determinado entorno... No está irremediablemente vinculada a un entorno delimitado con rigidez... Por encima de su propio marco tiene un mundo abierto de par en par. […]

[…] una ley fundamental de la conducta humana. Esta conducta presupone una toma de distancia... por encima de las cosas del entorno y por encima de la propia naturaleza instintiva. Este distanciamiento original es lo que caracteriza la estructura fundamental de la conducta humana. […]

[…] La existencia humana está mediada por el mundo. Sólo en el conjunto de este mundo experimental espacio-temporal, personal y social, histórico y lingüístico, llega el hombre hasta sí mismo, puede realizarse como hombre. Siempre está mediado por otro para llegar a ser sí mismo. […]

Emerich Coreth, ¿QUÉ ES EL HOMBRE?
Esquema de una antropología filosófica. Herder, Barcelona, 1980.
Selección tomada de las págs. 81 a la 112.
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martes, 4 de agosto de 2009

LA PREGUNTA POR EL SENTIDO DE LA VIDA

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Por el Dr. Víctor E. Frankl


Lo que de verdad necesitamos en un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos, y después, enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperemos algo de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. Tenemos que dejarnos de hacernos preguntas sobre el significado de la vida y, en vez de ello, pensar en nosotros como en seres a quienes la vida les inquiriera continua e incesantemente. Nuestra contestación tiene que estar hecha no de palabras ni tampoco de meditación, sino de una conducta y una actuación rectas. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo.

Dichas tareas y, consecuentemente, el significado de la vida, difieren de un hombre a otro, de un momento a otro, de modo que resulta completamente imposible definir el significado de la vida en términos generales. Nunca se podrá dar respuesta a las preguntas relativas al sentido con argumentos especiosos. “Vida” no significa algo vago sino algo muy real y concreto que configura el destino de cada hombre, distinto y único en cada caso. Ningún hombre y ningún destino puede compararse a otro hombre o otro destino. Ninguna situación se repite y cada una exige una respuesta distinta; unas veces la situación en que un hombre se encuentra puede exigirle que emprenda algún tipo de acción; otras, puede resultar más ventajoso aprovecharla para meditar y sacar las consecuencias pertinentes. Y, a veces, lo que se exige al hombre puede ser simplemente aceptar su destino y cargar con su cruz. Cada situación se diferencia por su unicidad y en todo momento no hay más que una única respuesta correcta al problema que la situación plantea.

Cuando un hombre descubre que su destino es sufrir ha de aceptar dicho sufrimiento, pues esa es su sola y única tarea. Ha de reconocer el hecho de que, incluso sufriendo, él es único y está solo en el universo. Nadie puede redimirle de su sufrimiento ni sufrir en su lugar. Su única oportunidad reside en la actitud que adopte al soportar su carga. [1]


EL SENTIDO DE LA VIDA

Dudo que haya ningún médico que pueda contestar ésta pregunta en términos generales, ya que el sentido de la vida difiere de un hombre a otro, de un día para otro, de una hora a otra hora. Así pues, lo que importa no es el sentido de la vida en términos generales, si no el significado concreto de la vida de cada individuo en un momento dado. Plantear la cuestión en términos generales puede equipararse a la pregunta que se le hizo a un campeón de ajedrez: “Dígame, maestro, ¿cuál es la mejor jugada que puede hacerse?”. Lo que ocurre es, sencillamente, que no hay nada que sea la mejor jugada o una buena jugada, si se la considera fuera de la situación especial del juego y de la peculiar personalidad del oponente. No deberíamos buscar un sentido abstracto a la vida, pues cada uno tiene en ella su propia misión que cumplir; cada uno debe llevar a cabo un cometido concreto. Por tanto, ni puede ser reemplazado en la función, ni su vida puede repetirse; su tarea es única, como única es su oportunidad para instrumentarla.

Como quiera que toda situación vital representa un reto para el hombre y le plantea un problema que sólo él debe resolver, la cuestión del significado de la vida puede en realidad invertirse. En última instancia, el hombre no debería inquirir cuál es el sentido de la vida, sino comprender que es a él a quien se inquiere. En una palabra, a cada hombre se le pregunta por la vida y únicamente puede responder a la vida respondiendo por su propia vida; sólo siendo responsable puede contestar a la vida. De modo que la Logoterapia considera que la esencia íntima de la existencia humana está en su capacidad de ser responsable. [2]


Frankl, Víctor E., EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO.
Herder, Barcelona, 1995. [1] págs. 78-79. [2] Págs. 107-108

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lunes, 18 de mayo de 2009

LÓGICA CLÁSICA


Notas al “SILOGISMO CATEGÓRICO”

El silogismo categórico (considerado por la lógica clásica como el silogismo deductivo por antonomasia) está compuesto (sólo) por tres juicios: la premisa mayor (donde se encuentra el término mayor), la premisa menor (donde se encuentra el término menor) y la conclusión (donde se encuentran el menor y el mayor, en éste orden). Además de estos términos hay otro que se hace presente como elemento común en la primera y segunda premisa, y que desaparece en la conclusión: el término medio, quien después de servir y provocar la unión de los otros términos silogísticos los abandona antes de la conclusión.

Según la posición del término medio en la estructura silogística se habla de figuras del silogismo. Hay cuatro figuras. En la primera figura, el término medio es el sujeto en la premisa mayor y predicado en la premisa menor. En la segunda figura, el término medio hace de predicado en las dos premisas. En la tercera figura el término medio es sujeto en las dos premisas. Y en la cuarta figura, el término medio es predicado en la premisa en la mayor y sujeto en la menor. Veamos los esquemas de figuras que se utilizarán.

Las proposiciones categóricas (A-E-I-O) no pueden presenciarse de cualquier modo en el silogismo. Existen modos válidos para (distribuirse las proposiciones en) cada figura, además de reglas para los silogismos categóricos. Pondremos a continuación los modos válidos para cada una de las figuras (hay que leer las proposiciones verticalmente: las dos primeras son premisas, y la tercera, debajo de la barra, es la conclusión).

[Lamentablemente este Blog no me permitió, de ningún modo, introducir las Tablas, con columnas y filas, que había hecho, de modo que tuve que ajustarme a ésto -de hecho, ni siquiera me reconoce los espacios que he dejado entre proposición y proposición categórica! Son cuatro párrafos, va de la 1º a la 4º figura, que es la última, y cuenten, de izquierda a derecha para transcribir los modos según hicimos en el pizarrón]


A- E - A - E
A- A - I - I
A- E - I - O

E - A - E - A
A - E - I - O
E - E - O - O

A - E - I - A - O - E
A - A - A - I - A - I
I - O - I - I - O - O

A - A - I - E - E
A - E - A - A - I
I - E - I - O - O



* Si se pide inventar en alguna consigna un silogismo categórico válido, con premisas verdaderas, téngase en cuenta que éstas no deben ser "obviedades" o expresiones sinonímicas (p.e.: "Todos los hombres son personas") o contradicciones ("Ningún humano es canino". Y NO SE DEBE USAR EL MODO "E-I-O", pues éste, al ser válido para todas las Figuras suele utilizarse de modo complicado, por ser el más recordado. Por otro lado, deberá atenderse las siguientes reglas.


REGLAS DE SILOGISMO CATEGÓRICO

Además de los modos y figuras válidos, los autores destacaron la necesidad de atender a otras reglas y/o advertencias, a fin de proceder sin error en la construcción de silogismos. Así surgieron las Reglas de silogismo categórico, las cuales trascribimos a continuación.

1. El silogismo sólo tiene tres términos y deben utilizarse siempre con el mismo sentido.
2. Los términos no deben tener mayor extensión en la conclusión que en las premisas.
3. El término medio debe aparecer por lo menos una sola vez en toda su extensión.
4. El término medio no debe aparecer en la conclusión.
5. De premisas negativas no se concluye nada.
6. De premisas negativas no se concluye afirmativamente.
7. De premisas particulares afirmativas o negativas no se obtiene una válida conclusión.
8. La conclusión sigue siempre la parte más débil (sea particular y/o negativa)

miércoles, 29 de abril de 2009

ELEMENTOS DE LÓGICA

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INFERENCIA E INFERENCIAS
Por el Prof. Pablo H. Bonafina

Se llama “inferencia” lógica (del latín in-fero, “llevar-hacia”) al resultado de una de las más habituales operaciones lógicas del entendimiento. En principio, se distinguen dos tipos de “resultados lógicos” (esto es, de la razón): uno al que “se llega de modo inmediato” a través de la afirmación o negación de un “sujeto” y un “predicado”, esto es, de una proposición o juicio –resultado de la simple aprehensión de un objeto o concepto o de una percepción–, en la cuál “no media” ninguna operación otra compleja. Y hay otro modo de inferencia, pero compuesta y compleja a la que se llama “mediata”.

Mientras una “inferencia simple” o inmediata hace un recorrido de una cosa (o idea) [conocida o supuesta] a la capacidad perceptiva, y de ésta a la formulación lógica inmediata [conocida y supuesta] que se manifiesta en la proposición, una “inferencia mediata” agrega un paso más al anterior: concatena, conjunta, une aquellas proposiciones pero con un sentido, las relaciona, y hace derivar, en general, del acto mismo de su relación, una conclusión [desconocida y/o supuesta]. Entonces, decimos que estamos ante un “razonamiento” (argumentum o sylogismós, ya se pronuncie en latín o en griego). Pero no todos las “inferencias mediatas” o conjunto de proposiciones tienen una proposición última (o primera –el orden puede variar según su tipo) que se deriva de otras proposiciones (en un razonamiento, llamadas: premisas) necesariamente (a la cuál se llama “conclusión”), pues hay “discursos” que carecen del elemento determinativo de un “razonamiento lógico” completo y válido, que se caracteriza por conducir a una conclusión; es decir, de partir de elementos conocidos o “inferidos” derivados de estos.

Ahora bien. Debemos notar que hay algunos tipos de “inferencias mediatas” que no llegan ni siquiera a reunir los requisitos lógicos, formales y necesarios para recibir el nombre de “razonamientos”. Éstas pueden ser de diferentes tipos, según la “extensión” (de los términos que la constituyen) de las proposiciones que lo integran y su conclusión. De hecho hay inferencias llamadas “deducciones”, otras “inducciones” y otras “analogías”. Del mismo modo hay razonamientos deductivos y no-deductivos, y, a su vez, los “no-deductivos” pueden no ser razonamientos! (cosa que parece suceder cuando se quedan en el mero “discurso”) o, tal como decíamos, “inferencias mediatas” de otro tipo o especie, como el razonamiento inductivo y el analógico.

Sin embargo, todas “las inferencias” tienen un elemento constitutivo común: proceden de una manera “condicional” o “hipotética” –hacia un avance en las capacidades del conocimiento del hombre de una “realidad”, para lo cuál se sirven del conocido dinamismo del “efecto” (sequitur) con respecto a su “causa” –De hecho, una proposición es el efecto (ergo) de una percepción, su expresión lógica, causada por una cosa (o concepto). Por eso, en un razonamiento encontramos “elementos antecedentes” (premisas o “juicios preconclusivos”) y su consecuente, que comúnmente llamamos “la conclusión”, con lo que quedan expuestos los dos “polos” o “momentos lógicos”: la presentación en una estructura lógica de un determinado “elenco de proposiciones” y su “derivada […]”

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sábado, 18 de abril de 2009

SEMIOLOGÍA

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NOTA SOBRE “ELEMENTOS DE SEMIOLOGÍA”
Por el Prof. Pablo H. Bonafina


Tal vez sea un buen comienzo para una “nota aclaratoria” proponer que todo “signo” (seméion) que se nos presenta sea considerado como un “referente” o “significante” que posee en sí (y conlleva, al mismo tiempo) un “significado” (cierta idea o imagen); al mismo tiempo que admitiendo que haya en él “algo que dice” (continente) y “algo que se dice” (contenido), y que estos elementos o polos esenciales son, en cierto manera, los prolegómenos mismos de la “Semiología” o disciplina que reflexiona en torno a los “signos” en general.

Se dice que cuando un “referente” conduce “naturalmente”, esto es, “sin mediación de abstracción”, a una “realidad”, estamos ante un “signo”. Por eso parece que un “signo” es, en efecto, un “referente no convencional” sino “real”. Su capacidad-sígnica, de-signadora o de-signante (nótese la presencia del sustantivo en los tres últimos términos adjetivos) le viene “de sí” y no precisa de la mediación de “otro” instrumento para “referir” o “llevar a”. Sucede que no todos los signos son comprensibles de suyo… A éstos signos que necesitan cierta mediación de la cultura y convención racional para su comprensión se los llama “símbolos”.

Un símbolo, es un “referente creado”; un “portador de sentido conferido”. No es algo “dado por la naturaleza”, sino diseñado por un alguien (ya sea un individuo o un determinado grupo humano) para “de-signar”; unir un objeto o concepto con otro, y así conducir a la percepción elaborada por los sentidos de los seres animales y humanos a cierto tipo de evocación y reacción, es decir, comprensión y/o conducta.

Sin ninguna duda que el símbolo más elocuente creado por la razón del hombre es el “lenguaje”, entendido en su amplio y en su triple posibilidad evidente. A saber: el lenguaje gestual, el verbal y el gráfico, según nuestra distinción. Sucede que, muchas veces, los diferentes “lenguajes”, con todos sus recursos, son convertidos en signos por aquellos que le confieren un significado, y lo pretenden (o asumen por) definitivo, y, entonces, estamos ante un problema comprensivo básico. Por ejemplo, en una determinada cultura, el sonido estridente de una “sirena electrónica”, puede llegar a convertirse en un signo de emergencia; pero ninguna sirena se generó sin estipulación humana… Es decir, para nosotros, hoy, tal vez haya muchos “signos pseudo-naturales” (símbolos) que sólo se nos revelen como tales ante un minucioso análisis de su génesis y naturaleza. He aquí una de las tareas de los “filósofos semiólogos”: analizar el tipo de relación entre “referentes o designantes” y “referidos o designados”. Del signo al símbolo hay un largo trecho, y la diferencia entre un signo y un símbolo debe procurarse que sea esencialmente radical e introductoria al estudio de estas cuestiones, a fin de asentar un “concepto matriz” claro y distinto.

A poco que nos relacionemos y comuniquemos, comenzaremos a habituarnos a que los “símbolos lingüísticos o verbales” que llamamos “palabras” nos presenten conflictos semánticos (o sentido), en los que el significado puede ser diverso, “según el contexto” cultural, técnico y cotidiano. Pero parece que hay dos “categorías semiológicas” que, en más de una oportunidad, atentan contra sus propios principios y se vuelven “polisignificacionales” (esto es: poseedores de muchos significados) o, al menos, de alguno poco preciso. Por eso en ésta “nota” trataremos de aclarar a los términos que se predican de algunas “palabras” y hasta “definiciones”, tal como son el ser “vago” y “polísémico”, referido a un concepto-significado de modo gráfico tal como es una palabra.

En principio, debemos decir que un “término”, o palabra, puede ser “vago” cuando su definición no logra brindar o reunir todos los elementos necesarios para hacerse y hacer una idea clara y unívoca de su “significado”. En cambio, “polisémico” es un término que, por sí y de suyo, representa, designa en esa “natural convención” lingüística y cultural, más de un designado o significado, quedando éste término casi sinonímico de “ambiguo”. De modo que una palabra “vaga” no es necesariamente “polisémica”, aunque parezca que sí un término polisémico se define o bien por sus contextos o bien por algunas de sus definiciones, que vienen a auxiliar su “amplitud” semántica, lo que antiguamente se llamaba la “extensión” de un término, ayudándole a crecer en su “comprensión”.

En principio, que una palabra sea “vaga” no excluye el que, además, sea ambigua. Habrá que esperar la elaboración y presentación formal de su definición para poder vislumbrar si ha sabido ponerle los límites suficientes a un término y, luego, si esos límites rodean también su “semeidad”, es decir, su significado. No podemos saber si una palabra es polisémica si no la tenemos definida con precisión. De modo que primero hay que “de-finir”, y luego, “estipular” (aunque lo primero incluya esto último). En cuanto a la “vaguedad”, debemos notar que ella no se confunde ni con la subjetividad, ni con la indeterminación temporal o local o del tipo que sea, de una expresión o palabra. La “indeterminación” de la vaguedad es de carácter “definicional”, no “proposicional”.

El problema esencial y casi permanente, de todos modos, no es tanto el Diccionario o los textos de estudio cuanto el uso cotidiano y vulgar que hacemos de las palabras; y la inexactitud con la que nos expresamos. En vez de crear “neologismos” (nuevos términos) o llamar a las cosas por “su nombre”, nos convertimos, a fin de ser graciosos, muchas veces, irónicos o perspicaces en creadores de “ambigüedad” allí donde se precisaría claridad. Con esta práctica cotidiana no sólo reducimos cuantitativamente nuestro vocabulario, y no lo hacemos crecer, sino que lo empobrecemos. Lo único que puede ayudarnos a “definir” los conflictos lógico-lingüísticos son las “definiciones”. Si a un concepto no se lo limita en su capacidad referencial se lo deja librado a la vaguedad o a la “acepción diccionario”… No siempre podremos apelar al “contexto” para entender el sentido de una palabra o lo que ella signifique. Debemos convenir que la definición sea el “elemento provisorio” para fijar la relación entre “significante-significado”, “designante-designado”, “palabra-significado”.


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Claro que esta “nota” parece un hecho puntual, “intelectual”, “escolar” y desvinculado de nuestras vidas cotidianas, pero no precisamente así. Basta con presenciar una sala de “chat” (o “charla” virtual a través de la InterNet) o la composición o lectura de un “sms” (en inglés “servicio de mensaje corto”: Short Message Service) o “email” (correo electrónico) para darnos cuenta que las palabras se están volviendo, para las nuevas generaciones, algo tedioso, “pesado”, y, por lo mismo, digno de ser abandonado, “resumido”, abreviado.

Es de conocimiento universal que la Real Academia Española no se opone al fenómeno de la “abreviación”, por eso el Diccionario comienza con una larga lista de “abreviaturas oficiales” que se podrían eventualmente usar. Pero nosotros, en la práctica cotidiana, siempre “vamos un poco más allá” de lo normado… y ya nos comunicarnos a cualquier precio. No importa el acto de ridiculizar los términos que realidades más bonitas, venerables o sagradas pueden llegar a expresar; nos estamos “deglutiendo” la Lengua.

Parece que en este “clima multiculturalista posmoderno” en el que nos guiamos por resultados y éxitos, el lenguaje no se ha quedado atrás. No nos engañemos. No estamos en un mundo que se fija en la “economía de símbolos” (es decir, el arte o praxis de la utilización de la menor cantidad de recursos con la que alcanzar la mayor eficacia), sino, en la mayoría de los casos, ante la intención de la instalación de una cultura de la ignorancia, de la vagancia y del mal gusto, abalada, sostenida y, en algunos casos, provocada, por todos los que tenemos la tarea de “educar” e “instruir”. –Lo cuál nos puede conducir sólo a una decadencia mayor, en materia de comunicación, para empezar…

Pero debemos saber que nuestra “mala expresión generalizada” no será un suceso sin consecuencias. El “padre de la semiología”, Charles S. PIERCE, sostenía que “la trama y la urdimbre de todo pensamiento y de toda investigación son los símbolos, y la vida del pensamiento y de la ciencia es la vida inherente a los símbolos; de modo que es erróneo decir simplemente que un lenguaje adecuado es importante para un pensamiento correcto, pues es la misma esencia de éste”. En efecto, desde la admisión de este principio, tal vez lo peor sea desconocer o desatender que pensamos también con los “signos convencionales” que construimos; y que en la comunicación se da en un dinámico proceso de retroalimentación entre “realidad-signo /y/ símbolos-palabras”, que no cesa; que sufre, debe y puede sufrir modificaciones, pero que éstas deben realizarse con cierto sentido y criterio (aunque sea “por convención”). “Convención” no es una “realidad violenta”, sino una “im-poner” (un “poner-dentro”, un “internalizar”) un término o sentido en un grupo a fin de poder expresarnos del mismo modo, con un mismo “código simbólico”.

No podemos no pertenecer a una lengua, así como pertenecemos a una cultura, así como tampoco podemos dejar de enseñarnos (y devorar) por ella –tal vez, así, pero sólo así, desde su seno, podamos ensayar un aporte válido y sensato que alcance la aprobación de nuestra comunidad lingüística o parlante. Mientras tanto, no podemos claudicar en nuestra tarea de seguir aprendiendo, porque “las palabras”, si bien son símbolos arbitrarios y provisorios, por su misma génesis cultural, siguen siendo elementos privilegiados, adecuados y válidos, de los que dispone la especie humana para su comunicación cotidiana.-

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“EL VALOR DE LOS SÍMBOLOS ESPECIALES”
Por el Prof. Irvin Copi

Los razonamientos formulados en castellano o en cualquier otra lengua natural son a menudo difíciles de evaluar debido a la naturaleza vaga y equívoca de las palabras usadas, a la anfibología de su construcción, a los modismos engañosos que puedan contener, a su estilo metafórico potencialmente confuso y al elemento de distracción derivado de cualquier significación emotiva que se les pueda atribuir. Aun cuando puedan resolverse estas dificultades, subsiste el problema de determinar la validez o invalidez de los razonamientos. Para evitar esas dificultades periféricas, es conveniente crear un lenguaje simbólico artificial libre de defectos, al cual puedan traducirse los enunciados y los razonamientos del lenguaje natural.

El uso de la notación lógica especial no es peculiar de la lógica moderna. Aristóteles, antiguo fundador de la materia, usó variables para facilitar su propia labor. A este respecto, aunque la diferencia entre la lógica moderna y la lógica clásica no es de esencia, sino de grado, esta diferencia de grado en sí misma es enorme. La mayor extensión en que la lógica moderna ha desarrollado su propio lenguaje técnico especial la ha convertido en un instrumento para el análisis by la deducción inconmensurablemente más poderoso. Los símbolos especiales de la lógica moderna nos permiten exponer con mayor claridad las estructuras lógicas de proposiciones y razonamientos cuyas formas pueden resultar oscurecidas por la pesadez del lenguaje ordinario.

Otra utilidad adicional que presentan los símbolos especiales del lógico es la ayuda que prestan en el uso y manejo real de enunciados y razonamientos... La adopción de una notación lógica especial facilita grandemente la derivación de inferencias y la evaluación de los razonamientos... “Con la ayuda del simbolismo, podemos efectuar por medio de la vista y de manera casi mecánica transiciones en el razonamiento que exigirían, sin aquél, el uso de las facultades superiores del cerebro” (Alfred Noth Whitehead).

Desde este punto de vista, llegamos a la conclusión de que no incumbe a la lógica el desarrollo de nuestras facultades de pensamiento, ¡sino el desarrollo de técnicas que nos permitan avanzar sin tener que pensar!.


INTRODUCCIÓN A LA LÓGICA. Eudeba, Bs. As., 1964.