jueves, 26 de febrero de 2009

R. Descartes - COMIENZO DEL FILOSOFAR

DISPOSICIÓN A LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD

Hace ya mucho tiempo que me he dado cuenta de que, desde mi niñez, he admitido como verdaderas una porción de opiniones falsas, y que todo lo que después he ido edificando sobra tan endebles principios no puede ser sino muy dudoso e incierto; desde entonces he juzgado que era preciso seriamente acometer, una vez en mi vida, la empresa de deshacerme de todas las opiniones a que había dado crédito, y empezar de nuevo, desde los fundamentos, si quería establecer algo firme y constante en las ciencias. Mas pareciéndome muy grande la empresa, he aguardado hasta llegar a una edad tan madura, que no pudiera esperar otra más propia luego para llevar a bien mi proyecto; por lo cuál lo he diferido tanto tiempo, que ya creo que cometería una falta grave si perdiera en deliberar el que me queda para la acción. Hoy, pues, habiendo, muy a punto para mis designios, librado mi espíritu de toda suerte de cuidados, sin pasiones que me agiten, por fortuna, y gozando de un seguro reposo en un apacible retiro, voy a aplicarme seriamente y con libertad a destruir en general todas mis opiniones antiguas. Y para esto no será necesario que demuestre que todas son falsas, lo que acaso no podría conseguir, sino que –por cuanto la razón me convence de que a las cosas, que no sean enteramente ciertas o indudables, debo negarles crédito con tanto cuidado como a las que me parecen manifiestamente falsas– bastará, pues, para rechazarlas todas, que encuentre, en cada una, razones para ponerla en duda. Y para esto no será necesario tampoco que vaya examinándolas una por una, pues fuera un trabajo infinito; y puesto que la ruina de los cimientos arrastra necesariamente consigo la del edificio todo, bastará que dirija primero mis ataques contra los principios sobre que descansan todas mis opiniones antiguas.

Todo lo que he tenido hasta hoy por más verdadero y seguro, lo he aprendido de los sentidos o por los sentidos; ahora bien: he experimentado varias veces que los sentidos son engañosos, y es prudente no fiarse nunca por completo de quienes nos han engañado una vez […]


Descartes, R., MEDITACIONES METAFÍSICAS, I
[Trad. M. García Morente].

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Julián Marías - EL ORIGEN DE LA FILOSOFÍA

EL ORIGEN DE LA FILOSOFÍA
Por el Prof. Julián Marías


¿Por qué el hombre se pone a filosofar? Contadas veces se ha planteado esta cuestión de un modo suficiente. Aristóteles la ha tocado de tal manera, que ha influido decisivamente en todo el proceso ulterior de la Filosofía. El comienzo de su Metafísica es una respuesta a ésa pregunta: Todos los hombres tienden por naturaleza a saber. La razón del deseo de conocer del hombre es, para Aristóteles, nada menos que su naturaleza. Y la naturaleza es la substancia de una cosa, aquello en que realmente consiste; por tanto, el hombre aparece definido por el saber; es su esencia misma la que mueve al hombre a conocer. Y aquí volvemos a encontrar una más clara implicación entre saber y vida, cuyo sentido se irá haciendo más diáfano y transparente. Pero Aristóteles dice algo más. Un poco más adelante escribe: “Por el asombro comenzaron los hombres, ahora y en un principio, a filosofar, asombrándose primero de las cosas extrañas que tenían más a mano, y luego, al avanzar así poco a poco, haciéndose cuestión de las cosas más graves, tales como los movimientos de la Luna, del Sol y de los astros, y la generación del todo”.

Tenemos, pues, como raíz más concreta del filosofar, una actitud humana, que es el asombro. El hombre..., la mayoría de los hombres se extrañan de las cosas cercanas, y luego, de la totalidad de cuanto hay. En lugar de moverse entre las cosas, usar de ellas, gozarlas o tenerlas, se ponen fuera, extrañados de ellas, y se preguntan con asombro por esas cosas próximas y de todos los días, que ahora, por primera vez, aparecen frente a ellos, y por tanto, solas, aisladas de sí mismas por la pregunta: “Qué es esto?”. En este momento comienza la Filosofía.

Es una actitud humana completamente nueva, que se ha llamado teorética, por oposición a la actitud mítica..., según afirma Zubiri. El nuevo método humano surge en Grecia un día, por primera vez en la historia, y desde entonces hay algo más radicalmente nuevo en el mundo, que hace posible la Filosofía. Para el hombre mítico, las cosas son poderes propicios o dañinos, con los que vive, y a los que utiliza o rehuye. Es la actitud anterior a Grecia, y la que siguen compartiendo los pueblos donde no penetra el genial hallazgo helénico. La conciencia teorética, en cambio, ve cosas en lo que antes eran poderes. Es el gran descubrimiento de las cosas, tan profundo, que hoy nos cuesta trabajo ver que efectivamente es un descubrimiento pensar que pudiera ser de otro modo. Para ello tenemos que echar mano de modos que guardan sólo una remota analogía con la actitud mítica, pero que difieren de la nuestra... Por ejemplo, la conciencia infantil, la actitud del niño que se encuentra en un mundo lleno de poderes o personajes benignos u hostiles, pero no de cosas en sentido riguroso.

En una actitud teorética, el hombre, en lugar de estar entre las cosas, está frente a ellas, aparece como extrañado de ellas, y entonces las cosas adquieren por sí solas una significación que antes no tenían. Se muestran como algo que existe por sí mismo, aparte del hombre, y que tiene una consistencia determinada: unas propiedades, algo suyo y que les es propio. Surgen entonces las cosas como realidades que son, que tienen un contenido especial. Y únicamente en este sentido se puede hablar de verdad o falsedad. El hombre mítico se mueve fuera de éste ámbito. Sólo como algo que es, pueden ser las cosas verdaderas o falsas. La forma más antigua de este despertar a las cosas en su verdad es el asombro. Y por esto es la raíz de la Filosofía.

Todo sistema filosófico tiene pretensión de verdad. Por otra parte, es evidente el antagonismo entre ellos, que están muy lejos de la coincidencia; pero ese antagonismo no quiere decir, ni mucho menos, incompatibilidad total.

Ningún sistema puede pretender una validez absoluta y exclusiva, porque ninguno agota la realidad: en la medida en que cada uno de ellos se afirma como único, es falso.

Cada sistema filosófico aprehende una porción de la realidad, justamente la que es accesible desde el punto de vista o perspectiva. La verdad de un sistema no implica la falsedad de las demás, sino en los puntos en que formalmente se contradigan; y la contradicción sólo surge cuando el filósofo afirma más de lo que realmente ve; es decir, las visiones son todas verdaderas –se entiende que parcialmente verdaderas–, y en principio no se excluyen.


Pero además, el punto de vista de cada filósofo está condicionado por su situación histórica, y por eso cada sistema, si ha de ser fiel a su perspectiva, tiene que incluir todos los anteriores como ingredientes de su propia situación. Por esto, las diversas filosofías verdaderas no son intercambiables, sino que se encuentran determinadas rigurosamente por su inserción en la historia humana.

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Karl Jaspers - EL ORIGEN DE LA FILOSOFÍA

EL ORIGEN DE LA FILOSOFÍA (Extracto)


La historia de la filosofía como pensar metódico tiene sus comienzos hace dos mil quinientos años, pero como pensar mítico mucho antes.

Sin embargo, comienzo no es lo mismo que origen. El comienzo es histórico y acarrea para los que vienen después un conjunto creciente de supuestos sentados por el trabajo mental ya efectuado. Origen es, en cambio la fuente de la que mana en todo tiempo el impulso que mueve a filosofar. Únicamente gracias a él resulta esencial la filosofía actual en cada momento y comprendida la filosofía anterior.

Este origen es múltiple. Del asombro sale la pregunta y el conocimiento, de la duda acerca de lo conocido el examen crítico y la clara certeza, de la conmoción del hombre y de la conciencia de estar perdido la cuestión de sí propio. Representémonos ante todo estos tres motivos.

Primero. Platón decía que el asombro es el origen de la filosofía. Nuestros ojos nos “hacen ser partícipes del espectáculo de las estrellas, del sol y de la bóveda celeste”. Este espectáculo nos ha “dado el impulso de investigar el universo. De aquí brotó para nosotros la filosofía, el mayor de los bienes deparados por los dioses a la raza de los mortales”. Y Aristóteles: “Pues la admiración es lo que impulsa a los hombres a filosofar: empezando por admirarse de lo que les sorprendía por extraño, avanzaron poca a poco y se preguntaron por las vicisitudes de la luna y del sol, de los astros y por el origen del un universo.”

El admirarse impele a conocer. En la admiración cobro conciencia de no saber. Busco el saber, pero el saber mismo, no “para satisfacer ninguna necesidad común”.

El filosofar es como un despertar de la vinculación a las necesidades de la vida. Este despertar tiene lugar mirando desinteresadamente a las cosas, al cielo y al mundo preguntando qué sea todo ello y de dónde todo ello venga, preguntas cuya respuesta no serviría para nada útil, sino que resulta satisfactoria por sí sola.

Segundo. Una vez que he satisfecho mi asombro admiración con el contexto de lo que existe, pronto se anuncia la duda. A buen seguro que se acumulan los conocimientos, pero ante el examen crítico no hay nada cierto. Las percepciones sensibles están condicionadas por nuestros órganos sensoriales y son engañosas y en todo caso no concordantes con lo que existe fuera de mí independientemente de que sea percibido o en sí. Nuestras formas mentales son las de nuestro humano intelecto. Se enredan en contradicciones insolubles. Por todas partes se alzan unas afirmaciones frente a otras. Filosofando me apodero de la duda, intento hacerla radical, mas, o bien gozándome en la negación mediante ella, que ya no respeta nada, pero que por su parte tampoco logra dar un paso mas, o bien preguntándome dónde estará la certeza que escape a toda duda y resista ante toda crítica honrada.

La famosa frase de Descartes “pienso, luego existo” era para el indubitablemente cierta cuando dudaba de todo lo demás, pues ni siquiera el perfecto engaño en materia de conocimiento, aquel que quizá ni percibo puede engañarme acerca de mi existencia mientras me engaño al pensar.

La duda se vuelve como duda metódica la fuente del examen crítico de todo conocimiento. De aquí que sin una duda radical, ningún verdadero filosofar. Pero lo decisivo es cómo y dónde se conquista a través de la duda misma el terreno de la certeza.

Y tercero. Entregado al conocimiento de los objetos del mundo, practicando la duda como la vía de la certeza, vivo entre y para las cosas, sin pensar en mí, en mis fines, mi dicha, mí salvación. Más bien estoy olvidado de mi y satisfecho de alcanzar semejantes conocimientos.

La cosa se vuelve otra cuando me doy cuenta de mí mismo en mi situación.

El estoico Epícteto decía: “El origen de la filosofía es el percatarse de la propia debilidad e impotencia.” ¿Cómo salir de la impotencia? La respuesta de Epicuro decía: considerando todo lo que no está en mi poder como indiferente para mi en su necesidad, y, por el contrario, poniendo en claro y en libertad por medio del pensamiento lo que reside en mi, a saber, la forma y el contenido de mis representaciones.

Cerciorémonos de nuestra humana situación. Estamos siempre en situaciones. Las situaciones cambian, las ocasiones se suceden. Si estas no se aprovechan no vuelven más. Puede trabajar por hacer que cambie la situación. Pero hay situaciones por su esencia permanentes, aun cuando se altere su apariencia momentánea y se cubre de un velo su poder sobrecogedor: no puedo menos de morir, ni de padecer, ni de luchar, estoy sometido al acaso, me hundo inevitablemente en la culpa. Estas situaciones fundamentales de nuestra existencia las llamamos situaciones límites. Quiere decir que son situaciones de las que no podemos salir y que no podemos alterar. La conciencia de estas situaciones límites es después del asombro y de la duda el origen más profundo aún, de la filosofía. En la vida corriente huimos frecuentemente ante ellas cerrando los ojos y haciendo como si no existieran. Olvidamos que tenemos que morir, olvidamos nuestro ser culpable y nuestro estar entregados al acaso. Entonces sólo tenemos que habérnoslas con las situaciones concretas, que manejamos a nuestro gusto y a las que reaccionamos actuando según planes en el mundo, impulsados por nuestros intereses vitales. A las situaciones límites reaccionamos, en cambio, ya velándolas, ya cuando nos damos cuenta realmente de ellas, con la desesperación y con la reconstitución: Llegamos a ser nosotros mismos en una transformación de la conciencia de nuestro ser.

Pongámonos en claro nuestra humana situación de otro modo, como la desconfianza que merece todo ser mundanal.

Nuestra ingenuidad toma el mundo por el ser pura y simplemente. Mientras somos felices, estamos jubilosos de nuestra fuerza, tenemos una confianza irreflexiva, no sabemos de otras cosas que de nuestra inmediata circunstancia. En el dolor, en la flaqueza, en la impotencia nos desesperamos. Y una vez que hemos salido del trance y seguimos viviendo, nos dejamos deslizar de nuevo, olvidados de nosotros mismos, por la pendiente de la vida feliz.

Pero el hombre su vuelve prudente con semejantes experiencias. Las amenazas le empujan a asegurarse. La dominación de la naturaleza y la sociedad deben garantizar su existencia.

El hombre se apodera de la naturaleza para ponerla a su servicio, la ciencia y la técnica se encargan de hacerla digna de confianza.

Con todo, en plena dominación de la naturaleza subsiste lo incalculable y con ello la perpetua amenaza, y a la postre el fracaso en conjunto: no hay manera de acabar con el peso y la fatiga del trabajo, la vejez, la enfermedad y la muerte. Cuanto hay digno de confianza en la naturaleza dominada se limita a ser una parcela dentro del marco del todo indigno de ella.

Y el hombre se congrega en sociedad para poner límites y al cabo eliminar la lucha sin fin de todos contra todos; en la ayuda mutua quiere lograr de la seguridad.

Pero también aquí subsiste el límite. Sólo allí donde los Estados se hallaran en situación de que cada ciudadano fuese para el otro tal como lo requiere la solidaridad absoluta, sólo allí podrían estar seguras en conjunto la justicia y la libertad. Pues sólo entonces si se le hace justicia a alguien se oponen los demás como un solo hombre. Mas nunca ha sido así. Siempre es un círculo limitado de hombres, o bien son sólo individuos sueltos, los que se asisten realmente unos a otros en los casos más extremos, incluso en medio de la impotencia. No hay estado, ni iglesia, ni sociedad que proteja absolutamente. Semejante protección fue la bella ilusión de tiempos tranquilos en los que permanecía velado el límite.

Pero en contra de esta desconfianza que merece el mundo habla este otro hecho. En el mundo hay lo digno de fe, lo que despierta la confianza, hay el fondo en que todo se apoya: el hogar y la patria, los padres y los antepasados, los hermanos y los amigos, la esposa. Hay en el fondo histórico de la tradición en la lengua materna, en la fe, en la obra de los pensadores, de los poetas y artistas.

Pero ni siquiera toda esta tradición da un albergue seguro, ni siquiera ella da una confianza absoluta, pues tal como se adelanta hacia nosotros es toda ella obra humana; en ninguna parte del mundo está Dios. La tradición sigue siendo siempre, además, cuestionable. En todo momento tiene el hombre que descubrir, mirándose a sí mismo o sacándolo de su propio fondo, lo que es para él certeza, ser, confianza. Pero esa desconfianza que despierta todo ser mundanal es como un índice levantado. Un índice que prohíbe hallar satisfacción en el mundo, un índice que se señala a algo distinto del mundo.

Las situaciones límites –la muerte, el acaso, la desconfianza que despierta el mundo– me enseñan lo que es fracasar. ¿Qué haré en vista de este fracaso absoluto, a la visión del cual no puedo sustraerme cuando me represento las cosas honradamente?

No, nos basta el consejo del estoico, el retraerse al fondo de la propia libertad en la independencia del pensamiento. El estoico erraba al no ver con bastante radicalidad la impotencia del hombre. Desconoció la dependencia incluso del pensar, que en sí es vacío, está reducido a lo que se le da, y la posibilidad de la locura. El estoico nos deja sin consuelo en la mera independencia del pensamiento porque este le falta todo contenido propio. Nos deja sin esperanzas, porque falta todo intento de superación espontánea e intima, toda satisfacción lograda mediante una entrega amorosa y la esperanzada expectativa de lo posible

Pero lo que quiere el estoico es auténtica filosofía. El origen de esta que hay en las situaciones límites da el impulso fundamental que mueve a encontrar en el fracaso el camino que lleva al ser.

Es decisiva para el hombre la forma en que experimenta el fracaso: el permanecerle oculto, dominándole al cabo sólo fácticamente, o bien el poder verlo sin velos y tenerlo presente como límite constante de la propia existencia, o bien el echar mano a soluciones y una tranquilidad ilusorias, o bien el aceptarlo honradamente en silencio ante lo indescifrable. La forma en que experimenta su fracaso es lo que determina en qué acabará el hombre.

En las situaciones límites, o bien hace su aparición la nada, o bien se hace sensible lo que realmente existe a pesar y por encima de todo evanescente ser mundanal. Hasta la desesperación se convierte por obra de su efectividad, de su ser posible en el mundo, en índice que señala más allá de éste.

Dicho de otra manera: el hombre busca la salvación. Ésta se la brindan las grandes religiones universales de la salvación. La nota distintiva de estas es e! dar una garantía objetiva de la verdad y realidad de la salvación. El camino de ella conduce al acto de la conversión del individuo. Esto no puede darlo la filosofía. Y sin embargo, es todo filosofar un superar el mundo, algo análogo a la salvación.

Resumamos. El origen del filosofar reside en la admiración, en la duda, en la conciencia de estar perdido. En todo caso comienza el filosofar con una conmoción total del hombre y siempre trata de salir del estado de turbación hacia una meta.

Platón y Aristóteles partieron de la admiración en busca de la esencia del ser.

Descartes buscaba en medio de la serie sin fin de lo incierto la certeza imperiosa.

Los estoicos buscaban en medio de los dolores de la existencia la paz del alma.

Cada uno de estos estados de turbación tiene se verdad, vestida históricamente en cada caso de las respectivas ideas y lenguaje. Apropiándonos históricamente éstos, avanzamos a través de ellos hasta los orígenes aún presentes en nosotros.

El afán es de un suelo seguro, de la profundidad del ser, de eternizarse.

Pero quizás no es ninguno de estos orígenes el más original o el incondicional para nosotros. La patencia del ser para la admiración nos hace retener el aliento, pero nos tienta a sustraernos a los hombres y a caer preso de los hechizos de una metafísica. La certeza imperiosa tiene sus únicos dominios allí donde nos orientamos en el mundo por el saber científico. La imperturbabilidad del alma en el estoicismo sólo tiene valor para nosotros como actitud transitoria en el aprieto, como actitud salvadora ante la inminencia de la caída completa, pero en sí misma carece de contenido y de aliento.

Estos tres influyentes motivos –la admiración y el conocimiento, la duda y la certeza, el sentirse perdido y el encontrarse a sí mismo– no agotan lo que nos mueve a filosofar en la actualidad.-


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lunes, 16 de julio de 2007


INTRODUCCIÓN A LA LÓGICA

§ 1. LÓGICA Y FILOSOFÍA
“Si no hubiese sido por la Lógica
la Filosofía nunca hubiese gozado
ni de respeto ni de consideración”


§ 1.1. El nacimiento informal de la Filosofía se produjo cuando la naturaleza humana inteligente se preguntó (movida por el asombro y el encantamiento propio de quien quiere saber y puede buscar, y luego esbozar, una respuesta) por algún qué o cuál, por qué o para qué. Pero su nacimiento formal surgió, en cambio, con los primeros grandes maestros de las primeras respuestas. En efecto, fue con (estas mismas) respuestas que la Filosofía se fue constituyendo en ciencia (y engendradora de nuevas preguntas) hasta convertirse en una de las más antiguas e importantes invenciones del hombre, colaboradora indispensable de su progreso y de la formación de su civilización.

§ 1.2. Casi simultáneamente con este gran “descubrimiento”, desde el principio, se ha desarrollado otra disciplina que se conoció con el nombre de Analítica, y que más tarde, al convertirse en ciencia formal, recibió el nombre de Lógica. Fue ésta, en el comienzo, una disciplina propedéutica de aquélla y a aquélla subordinada. En efecto, al principio, la Lógica fue una suerte de introducción pedagógica a la Filosofía. Y es que la Filosofía, que es una ciencia donde se exponen pensamientos y reflexiones sobre distintas cuestiones, necesitó muy pronto de una disciplina que colaborara con ella en la expresión de sus conclusiones y argumentaciones. Y del análisis de los contenidos (pensamientos) filosóficos, llegó la Lógica a acometer un análisis de las mismas estructuras internas del pensamiento en sí. Pues, la Filosofía no sólo es una ciencia que “dice cosas” sino que “intenta decir coherentemente acerca de las cosas”, con ese rigor particular que la caracteriza, pues, ella misma, es una ciencia analítica y deductiva, cuya formalización se dio de la mano de la Lógica.

§ 1.3. Aunque muchos autores modernos hayan criticado a la Filosofía en nombre de la Lógica, o viceversa, la historia nos muestra que han ido creciendo juntas. Es cosa sabida que, los lógicos más representativos, hasta la modernidad, han sido filósofos –aunque es verdad que muchos filósofos son muy poco lógicos, y deberían serlo más. Quizás con esto se entienda el proyecto de algunos modernos de apartar a la Lógica de la Filosofía edificando algo así como una Lógica Matemática, más matemática que Lógica. Quien reconoce un valor a la Lógica moderna, automáticamente, separa a la Lógica en sí de la Filosofía y de la Lógica Filosófica, a la que se llama, frente a la nueva, Clásica, por no decir vieja inútil.

§ 1.4. La Filosofía no hubiese podido llegar a ser nunca una ciencia, en sentido estricto, si no hubiera contado con el auxilio de la Lógica. Lo que hace diferenciar a un pensamiento filosófico de una opinión, u otro tipo de pensamiento, es el carácter lógico del mismo. La Filosofía es la ciencia que busca las razones y las causas esenciales de todas las cosas, y no hubiese podido llegar nunca a realizar su función si no hubiese tenido a una educadora en sus modales (reflexivos) tan particular y eficiente como ha sido la Analítica.

§ 1.5. Por otra parte, muchos se olvidan hoy que la Filosofía fue una de las primeras ciencias empíricas, experimentales. La Lógica, una vez sistematizada, por su parte, ha reflexionado acerca de sí misma, y de las formas concretas en que ella ha ido expresando la realidad a lo largo de la historia, y le ha impuesto sus límites ante consumados o eventuales excesos. Una conclusión fundamental que alcanzó fue que las expresiones de las cosas no se identifican exactamente con las cosas mismas, de ahí que sea necesario, tomar conciencia del límite del lenguaje y de los errores en los que se puede incurrir. Hay dos tipos de errores: de comprensión y de expresión. A los que algunos o ambos errores cometen, la Lógica les convida sus herramientas para que adecuen mejor sus sentidos, percepciones, entendimiento y palabras a la realidad que investigan y puedan expresarla de modo cada vez más auténtico.

§ 1.6. Y la Filosofía, después de un largo observar, incluso de reiteradas equivocaciones suyas, le dice a la Lógica que las explicaciones de las cosas son más bien provisorias que definitivas, y el lenguaje es un elemento esencial de la cultura, y que la cultura es una realidad dinámica que, si bien mantiene con vida en su seno tradiciones y valores, los expresa de muy diversos modos. Y que los modos (lógicos) mismos pueden, y deben, modificarse, aggiornándose, si se modifica su misma materia.

§ 1.7. Las palabras, muchas veces, resultan insuficientes, y la Filosofía no se puede permitir llevar una existencia dogmática, y mucho menos la Lógica, que debe evolucionar al compás de la cultura vigente a fin de no aplicar a las nuevas situaciones surgentes esquemas mentales (neurolingüísticos, si se me permite la expresión) que ya no tienen sustento en la praxis cotidiana. Muchas estructuras de pensamiento ya dejaron de existir, y no tiene sentido seguir forjando en las mentes esquemas obsoletos. Por eso, es preciso mantener vivo lo que sobrevivió al crisol de los tiempos, y tomar de ello lo necesario para la formación del propio recipiente del pensamiento, que es la mente, transmitiéndolo a lo que nos siguen en la maravillosa, y siempre novedosa, tarea de reprensar todas las cosas.

§ 1.8. La Lógica y la Filosofía se presentan inseparables, y no sería exageración afirmar que una existe por la otra y para la otra. Es un extraordinario círculo de cooperación científico. La Lógica no le permite a la Filosofía que deje de ser una ciencia y se vulgarice. Y la Filosofía le convida a la Lógica la “materia” para que investigue con sus esquemas analíticos. Por eso, una Lógica sin Filosofía, queda como una auxiliar de la Matemática, pero sin fundamento discursivo, incapaz de formular teoremas y principios. Y una Filosofía sin Lógica queda como una fuente (o conjunto) de palabras sin autoridad científica, cuando no sin sentido.


§ 2. NUESTRO PUNTO DE PARTIDA

§ 2.1. El entendimiento, la razón, la mente o la inteligencia realizan ciertas operaciones que le son propias (a los seres humanos). Generalmente se dan de modo automático e inmediato, pero pueden distinguirse y podemos conocerlas con un poco de mayor precisión. Son, básicamente, tres: la simple aprehensión, el juicio y el razonamiento, sucesivamente.

§ 2.2. Con las percepciones (aprehensiones) que conquista nuestro entendimiento de los objetos de la realidad se van formando ciertas imágenes de ellos. Las imágenes intelectuales desprovistas de concreciones particulares son las ideas o conceptos (universales). Con ellos podemos construir oraciones, juicios, estructuras en las que afirmamos o negamos diferentes cosas. Cuando estos juicios se encadenan con cierto sentido nos encontramos con un razonamiento, una estructura que construye el entendimiento sirviéndose de los juicios que se han construidos a través de las aprehensiones que se adquirieron en la experiencia. Por eso están tan vinculados la experiencia y el pensamiento, pues la materia del pensamiento puede proceder de la realidad exterior o puede ser una construcción mental a partir de algunas ideas que sí hayan surgido de aquella.

§ 2.3. El estudio de la lógica será abordado en este Curso desde esta triple perspectiva que nos brindan las operaciones del entendimiento. Y, a propósito de ellas, iremos incorporando algunos otros temas que resultarán convenientes para aprender a analizar las estructuras fundamentales del pensamiento, su formación y posible y habitual deformación.

§ 2.4. Uno no comprende cuál es el sentido de la Lógica hasta que no termina de estudiarla y se descubre usándola, bien o mal. La Lógica es una ciencia o disciplina práctica, muy distinta de lo que muchos creen, y necesaria para entender cómo pensamos y cómo piensan los demás. Los antiguos la consideraban el arte destinado a alcanzar la verdad con orden, facilidad y sin error. Algunos modernos la creen una fuente de falacias. Nosotros, simplemente, un instrumento que puede ser bien o mal usado. Pero aquí nos limitaremos, sencillamente, a presentar algunos temas lógicos, a manera de presupuestos y a fin de incrementar nuestro vocabulario y universo conceptual.

§ 2.5. Hoy, cuando la misma noción de verdad está en crisis –pues los autores han comenzado dinamitando los cimientos de la Lógica misma para terminar admitiendo cualquier antojo mental afirmando que entre el lenguaje y la realidad no puede existir una relación auténtica– es difícil procurar adquirir el hábito lógico, pues nuestra disciplina se presenta, toda ella, como un gran antivalor para este mundo ilógico, impulsivo, irreflexivo y superficial. No obstante, resistiremos y brindaremos algunos de los elementos que están a nuestro alcance para que cada uno tenga el derecho a iniciar su propia búsqueda.


§ 3. PRIMEROS PRINCIPIOS LÓGICOS

§ 3.1. Cada ciencia y disciplina tiene sus puntos de partida (tanto terminológicos como argumentativos), sus fundamentos sobre el cuales va a edificar su saber, la lógica también tiene los suyos: los primeros principios lógicos del entendimiento o de la razón. Estos principios son simplísimos, evidentes, universales y necesarios (se dan en todos los casos, y son irrefutables). Los autores clásicos los resumieron en cuatro: 1) el principio de identidad, 2) el de contradicción, 3) el de tercero excluido y 4) el de razón suficiente.

1) Toda cosa es idéntica a sí misma y diferente a otra. Supongamos que hay un término al que denominamos con la letra “A”. La lógica dirá respecto de él: “A es idéntica a A, y diferente de todo lo que no sea A”. Con esto se pretende afirmar que una cosa (que se expresa en una oración o proposición lógica) es una cosa y no otra.

2) Una cosa no puede ser lo que es y ser otra cosa en el mismo tiempo y espacio, y en una misma forma. Así, todo juicio lógico, por ejemplo, se propone plantear algo que es de un modo y no de otro modo. Al afirmar algo ponemos en “contradicción” al sujeto de la afirmación con todo lo demás que ese término no es. Así “A es A y no B (al mismo tiempo y de la misma forma que A)” –de lo contrario, sería una contradicción lógica.

3) Una proposición lógica categórica afirma que algo es o que no es, y descarta una tercera posibilidad. En lógica algo es o no es, no puede ser y no ser al mismo tiempo de modo permanente. Notemos que éste principio no excluye grados en el modo de ser sino en el ser mismo de lo que pueda ser objeto de una proposición lógica.

4) Todo tiene una razón de ser, podrá conocerse o ignorarse pero existe. Por más que exista una cadena de causas hay una que es la primera, y esa primera la desencadenante, generadora, de un acontecimiento o de un objeto, y que explica suficientemente un efecto, es decir, un fenómeno, cualquiera sea.

La primera intención de la lógica es clarificar nuestros conceptos fundamentales a fin de no incurrir en confusiones o ambigüedades graves. En este sentido se aproxima a una ciencia exacta, pero del lenguaje. Sabe la lógica que la realidad es amplia y compleja, pero necesita de algunos principios firmes a partir de los cuales poder reflexionar. Si todo puede ser de cualquier manera y ser expresado de cualquier modo será imposible expresar algo con sentido (al menos con un sentido claro y permanente).

§ 3.2. La lógica se encarga del estudio y reflexión del lenguaje (y de todos los términos) y del pensamiento (en griego: lógos). Su propuesta primordial es la de realizar un análisis de las ideas (conceptos), de los juicios (oraciones o proposiciones) y de los razonamientos (que constituyen los razonamientos) a fin de ayudar a expresar al hombre con una mayor precisión, no dejándose engañar por el lenguaje mismo y clarificando y distinguiendo aquellos elementos mentales o racionales que se presenten complejos, que pueden hasta llegar a confundir las cosas más sencillas e impedir una adecuada comunicación.-

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jueves, 21 de junio de 2007

EL MITO DE LA CAVERNA
(Platón, REPÚBLICA VII, 514a-571c y 518b-d)

Imagínate nuestra naturaleza, por lo que se refiere a la ciencia, y a la ignorancia, mediante la siguiente escena. Imagina unos hombres en una habitación subterránea en forma de caverna con una gran abertura del lado de la luz. Se encuentran en ella desde la niñez, sujetos por cadenas que les inmovilizan las piernas y el cuello, de tal manera que no pueden ni cambiar de sitio ni volver la cabeza, y no ven mas que lo que esta delante de ellos. La luz les viene de un fuego encendido a una cierta distancia detrás de ellos sobre una eminencia del terreno. Entre ese fuego y los prisioneros, hay un camino elevado, a lo largo del cual debes imaginar un pequeño muro semejante a las barreras que los ilusionistas levantan entre ellos y los espectadores y por encima de las cuales muestran sus prodigios –ya lo veo, dijo.

Piensa ahora que a lo largo de este muro unos hombres llevan objetos de todas clases, figuras de hombres, y animales de madera o de piedra, y de mil formas distintas, de manera que aparecen por encima del muro. Y naturalmente entre los hombres que pasan, unos hablan y otros no dicen nada. –Es esta una extraña escena y unos extraños prisioneros, dijo. –Se parecen a nosotros, respondí. Y ante todo ¿crees que en esta situación verán otra cosa de sí mismos y de los que están a su lado que unas sombras proyectadas por la luz del fuego sobre el fondo de la caverna que esta frente a ellos? –No, puesto que se ven forzados a mantener toda su vida la cabeza inmóvil. -¿y no ocurre lo mismo con los objetos que pasan por detrás de ellos? –Sin duda. –Y si estos hombres pudiesen conversar entre sí, ¿no crees que creerían nombrar a las cosas en si nombrando las sombras que ven pasar? Necesaria- mente. –Y si hubiese un eco que devolviese los sonidos desde el fondo de la prisión, cada vez que hablase uno de los que pasan, ¿no creerían que oyen hablar a la sombra misma que pasa ante sus ojos? –Si, por Zeus, exclamo. –En resumen, ¿estos prisioneros no atribuirán realidad más que a estas sombras? –Es inevitable.

Supongamos ahora que se les libere de sus cadenas y se les cure de su error; mira lo que resultaría naturalmente de la nueva situación en que vamos a colocarlos. Liberamos a uno de estos prisioneros. Les obligamos a levantarse, a volver la cabeza, a andar y a mirar hacia el lado de la luz: no podrá hacer nada de esto sin sufrir, y el deslumbramiento le impedirá distinguir los objetos cuyas sombras antes veía. Te pregunto que podrá responder si alguien le dice que hasta entonces solo había contemplado sombras vanas, pero que ahora, mas cerca de la realidad y vuelto hacia objetos mas reales, ve con mas perfección; Y si por ultimo mostrándole cada ejemplo a medida que pasa, se le obligase a fuerza de preguntas a decir que es ¿no crees que se encontrara dentó de un apuro, y que le parecerá más verdadero lo que veía antes que lo que ahora le muestran? –Sin duda, dijo. –Y si se le obliga a mirar la misma luz, ¿no se le dañarían los ojos? ¿No apartara su mirada de ella para dirigirla a esas sombras que mira sin refuerzo? ¿No creerá que estas sombras son realmente más visibles que los objetos que le enseñan? –Seguramente. – Y si ahora lo arrancamos de su caverna a viva fuerza y lo llevamos por el sendero áspero y escamoso hasta la claridad del sol, ¿esta violencia no provocará sus quejas y su cólera? Y cuando este ya a pleno sol, deslumbrado por su resplandor, ¿podrá ver alguno de los objetos que llamamos verdaderos? – No podrá, al menos los primeros instantes. – Sus ojos deberán acostumbrarse poco a poco a esta región superior. Lo que más fácilmente vera al principio serán las sombras, después las imágenes de los hombres y de los demás objetos reflejadas en el agua, y por ultimo los objetos mismos. De ahí dirigirá sus miradas al cielo, y soportara más fácilmente la vista del cielo durante la noche, cuando contemple la luna y las estrellas, que durante el día el sol y su resplandor. –Así lo creo. –Y creo que al final podrá no solo ver el sol reflejado en las aguas o en cualquier otra parte, sino contemplarlo a él mismo en su verdadero asiento. –Indudablemente.

–Después de esto, poniéndose a pensar, llegara a la conclusión de que el sol produce las estaciones y los años, los gobierna todo en el mundo visible y es en cierto modo la causa de lo que ellos veían en la caverna. –Es evidente que llegara a esta conclusión siguiendo estos pasos. –Y al acordarse entonces de su primera habitación y de sus conocimientos allí y de sus compañeros de cautiverio, ¿no se sentirá feliz por su cambio y no compadecerá a los otros? –Ciertamente. –Y si en su vida anterior hubiese habido honores, alabanzas, recompensas publicas establecidas entre ellos para aquel que observase mejor las sombras a su paso, que recordase mejor en que orden acostumbra a precederse, a seguirse o a aparecer juntas y que por ello fuese el mas hábil en pronosticar su aparición, ¿crees que el hombre de que hablamos sentirá nostalgia de estas distinciones, y envidiaría a los mas señalados por sus honores o autoridad entre sus compañeros de cautiverio? ¿No crees mas bien que será como el héroe de Homero y preferirá mil veces no ser más que un mozo de labranza al servicio de un pobre campesino y sufrir todos los males posibles antes que volver a su primera ilusión y vivir como vivía? –No dudo que estaría dispuesto a sufrir todo antes que vivir como anteriormente.

–Imagina ahora que este hombre vuelva a la caverna y se siente en su antiguo lugar. ¿No se le quedarían los ojos como cegados por este paso súbito a la oscuridad? –Si, no hay duda. –Y si, mientras su vida aun esta confusa, antes de que sus ojos se hayan acomodado de nuevo a la oscuridad, tuviese que dar su opinión sobre estas sombras y discutir sobre ellas con sus compañeros que no han abandonado el cautivo, ¿no les daría que reír? ¿No dirían que por haber subido al exterior ha perdido la vista, y no vale la pena intentar la ascensión? Y si alguien intentase desatarlos y llevarlos allí. ¿No lo matarían, si pudiesen coger y matarlo? –Es muy probable.

–Ésta es precisamente, mi querido Glaucón, la imagen de nuestra condición. La caverna subterránea es el mundo visible. El fuego que la ilumina, es la luz del sol. Este prisionero que sube a la región superior y contempla sus maravillas, es el alma que se eleva al mundo inteligible. Esto es lo que yo pienso, ya que quieres conocerlos; solo Dios sabe si es verdad. En todo caso, yo creo que en los últimos limites del mundo inteligible esta la idea del bien, que percibimos con dificultad, pero que no podemos contemplar sin concluir que ella es la causa de todo lo bello y bueno que existe. Que en el mundo visible es ella la que produce la luz y el astro de la que procede. Que en el mundo inteligible es ella también la que produce la verdad y la inteligencia. Y por último que es necesario mantener los ojos fijos en esta idea para conducirse con sabiduría, tanto en la vida privada como en la pública. –Yo también lo veo de esta manera, dijo, hasta el punto de que puedo seguirte [...]

–Por lo tanto, si todo esto es verdadero, dije yo, hemos de llegar a la conclusión de que la ciencia no se aprende del modo que algunos pretenden. Afirman que pueden hacerla entrar en el alma, en donde no esta, casi lo mismo que si diesen la vista a unos ojos ciegos. –Así dicen, en efecto, dijo Glaucón. –Ahora bien, lo que hemos dicho supone al contrario que toda alma posee la facultad de aprender, un órgano de la ciencia; y que, como unos ojos que no pudiesen volver hacia la luz si no girarse también el cuerpo entero, el órgano de la inteligencia debe volverse con el alma entera desde la visión de lo que nace hasta la contemplación de lo que es y lo que hay mas luminoso es el ser; Y a esto hemos llamado el bien, ¿no es así? –Sí. –Todo el arte, continué, consiste pues en buscar la manera más fácil y eficaz con que el alma pueda realizar la conversión que debe hacer. No se trata de darle la facultad de ver, ya la tiene. Pero su órgano no esta dirigido en la buena dirección, no mira hacia donde debería: esto es lo que se debe corregir. –Así parece, dijo Glaucón.-

miércoles, 13 de junio de 2007

DISCIPLINAS FILOSÓFICAS (Introducción)

LA FILOSOFÍA Y SUS DISCIPLINAS
Por el Prof. Pablo H. Bonafina

Tal vez haya hoy más acuerdo entre los diferentes autores en hablar de “disciplinas filosóficas” que de “Filosofía”. A este respecto, es preciso tener en cuenta que es cierto de que antes de que pueda hablarse de “Filosofía”, entendida como una ciencia y saber sustantivo (y propio) hay que hablar de “filósofos” y, si cabe, de “filosofías” o “disciplinas” que han sido surgiendo según los distintos objetos de la realidad en los que el hombre ha centrado su atención y de pensamientos y pensadores que, años más tarde, han sido estudiados y sistematizados por otros.

La Metafísica u Ontología es la llamada “filosofía primera” no por ser la primera en aparecer en la historia sino porque considera a lo “primordial”, al “ser” y a la “existencia” en sí, desprovistos de toda determinación. No trata acerca de un ser o existente en particular, sino de aquello que puede decirse de todos y cada uno de los seres que existen. Es el estudio más abstracto y profundo que puede hacerse acerca de aquello que constituye el fondo de la realidad: el ser, y trata de llegar hasta sus mismas causas.

La Cosmología o Filosofía de la Naturaleza es una antigua disciplina científico-filosófica que considera desde la perspectiva filosófica aquellos fenómenos naturales que siempre han sido un interrogante para el hombre, tales como son: la materia, el tiempo, el movimiento, el espacio, el cambio, etc.

La Antropología antiguamente era la ciencia que estudiaba al hombre en cuanto tal, su naturaleza, sus facultades y sus manifestaciones fundamentales, pero hoy se va encaminando esta disciplina hacia la independencia como ciencia, centrando su objeto en el fenómeno propiamente humano: la cultura y las civilizaciones, hasta poder llegar a la reconstrucción paleontológica, arqueológica y genética del proceso de hominización.

La Gnoseología o Teoría del conocimiento tiene como objeto de estudio al conocimiento humano (tanto el acto del conocimiento humano como el resultado de dicho acto). Estudia desde el origen y la esencia del conocimiento, hasta las relaciones entre objeto y sujeto, las percepciones, la verdad (y su misma posibilidad) y los diferentes estados de la mente frente a la realidad.

La Lógica es por la mayoría de los autores considerada como una disciplina introductoria a la Filosofía. Ella le brindó, desde el principio, a ésta todo el instrumental terminológico para que aquella pueda expresarse con rigor científico, analizando sus proposiciones, y estudiando las leyes y estructuras que originan los pensamientos y las reflexiones. Hoy se divide en clásica o simbólica, moderna o matemática, al incorporar métodos de la ciencia matemática para analizar estructuras lógicas.

La Ética es la disciplina filosófica que reflexiona entorno al obrar humano. Analiza los elementos del acto, sus objetos, fines y circunstancias desde la perspectiva de la “moralidad” (ya sea su “bondad o maldad”) e intenta orientar el obrar del hombre para que éste no termine contradiciendo la naturaleza profunda de su ser. La Axiología es una “versión moderna” de la ética que analiza los actos humanos desde la perspectiva de los valores, al tiempo que la validez, jerarquías y escalas, y objetividad de los mismos.

La Psicología y la Sociología antiguamente eran ramas de la filosofía, pero desde hace unos años son disciplinas separadas. La primera se ocupa del psiquismo humano, y las motivaciones conscientes o subconscientes del obrar del hombre. La segunda tiene por objeto al hombre en sociedad, su vida, sus vínculos y sus manifestaciones en comunidad.

La Epistemología o Filosofía de la ciencia es la disciplina filosófica que mira a todas las ciencias, sus objetos, métodos y procedimientos, traza sus límites y ámbitos de competencias, por eso se la llama “la ciencia de las ciencias”.

La Estética o Filosofía de arte, tiene como objeto las realidades de “hechura humana” que no entran en el ámbito de la técnica, y reflexiona acerca de las formas de expresión, desde las categorías de la armonía y la belleza.

La Filosofía del lenguaje es una disciplina joven que analiza los modos, elementos y estructuras internas de los diferentes modos de lenguaje existentes.

La Filosofía de la religión trata de rastrear el origen del fenómeno religioso en general, en sí mismo, tal como los hombres lo han ido manifestando a lo largo de la historia. No se relaciona con ninguna creencia en particular, pues la creencia entra dentro de sus objetos de estudio, así también como “lo divino”.

Discuten muchos si debe considerarse a la Teología como una disciplina filosófica, pero otros tantos afirman que es una “ciencia religiosa”. (Se discute también si se trata de una ciencia objetiva, pues habría tantas teología como credos y religiones). Pero más allá de las discusiones entorno a su objeto (Dios y la revelación a los hombres, sustentada en los textos bíblicos y en la historia) cualquiera que haga un serio acercamiento a ella, advertirá que se sirve del lenguaje y método científico para explicar sus creencias y expresar su fe.

La Filosofía del Derecho estudia las normas jurídicas y su vinculación con la justicia. Se vincula estrechamente con la Filosofía política, que tiene por objeto las diferentes teorías acerca del Estado, y sus formas ideales y concretas.

La Filosofía de la historia trata de descubrir si la historia tiene un sentido, una dirección, y si éste puede descubrirse e interpretarse a través de los acontecimientos. Es una reflexión filosófica sobre la historia y sus diferentes etapas.


El intento moderno (e iluminista) de construir un saber (Filosofía) o ciencia universal y unitario, acerca de los distintos grandes temas e interrogantes del hombre y del universo es un proyecto relativamente moderno y, para muchos, cuestionable en su mismo origen. Para algunos, lo único que encontramos en la historia del pensamiento filosófico son, precisamente, pensamientos, reflexiones, interpretaciones que distintos hombres hicieron de la realidad o de algún aspecto de ella. Cierta y obviamente que cada autor tendrá pretensiones de objetividad, pretensiones que se constatan también en los expositores y profesores de los grandes temas y disciplinas de filosofía, pues habiendo elaborado una síntesis la presenta como “una filosofía” o visión global de la realidad. Lo cierto es que, más allá de sus concretas realizaciones, la opinión de la mayoría de estudiosos sostiene que “la FILOSOFÍA –así, en singular– no existe. Esta palabra no designa más que el amor al saber. Expresa una actitud, un anhelo… una actitud espiritual” (Alejandro Korn, SISTEMA FILOSÓFICO).

Las CAUSAS en ARISTÓTELES (Nota)

ACERCA DE "LAS CAUSAS" DE ARISTÓTELES

Aristóteles concibe al existente concreto o usía de dos modos: estática y dinámicamente. Según el primer modo podemos hablar de sustancia y accidentes o categorías. Según el segundo modo podemos hablar de aquello que hace posible el devenir en la usía, es decir, sus principios del devenir, tal como son el acto y la potencia. Mientras el acto reside en la forma (que es aquello que determina actualmente al ente), la potencia reside en la materia (que es aquello que permanece como principio de indeterminación y susceptibilidad).

Parece haber alguna lícita identificación entre forma y acto y entre materia y potencia, puesto que la forma es esencia actualizada, es decir, en acto, esto es: existiendo. Mientras la materia es el sujeto o soporte de aquella determinación que recibe el nombre de forma. No estará de más decir que sólo están compuestos por materia y forma (o sea, hylemórficamente) los entes materiales y que todas estas distinciones son “de razón”, pues en el ente existente o usía o sustancia se da todo esto simultáneamente: forma y materia (que son las llamadas "causas intrínsecas" del ente), acto y potencia, sustancia y accidentes… De modo tal que no puede existir la una sin la otra. En efecto, no puede algo ser sin ser de un modo determinado, pues no es concebible un existente puro, absolutamente indeterminado, por tener que ser necesariamente irreal, abstracto, al estar desmaterializado.

Ahora bien. Algo similar, en cuanto a la relación causal íntima, sucede con las causas (extrínsecas, tal como son la) eficiente y final. Puesto que, según la filosofía aristotélica, todo agente (como llama al ente que obra) obra por un fin determinado, se dice que tiene en sí, antes de obrar, la intención, que es la que mueve y guía la acción que eficazmente tratará de alcanzar. Esto último contribuye a la idea de que todo cuanto existe (ya tenga actual existencia o sea producido por el arte de los hombres) tiene una causa, una razón de ser o sentido, aunque puede que éstas no se revelen de modo inmediato a la inteligencia.-